“Ante la discriminación, yo respondo con más y mejor trabajo”

Por: Claudia Zavala

Hay muchas maneras de establecer una relación con el extranjero. Desde procesos migratorios complejos y dolorosos, hasta decisiones personales y profesionales que conllevan una conexión permanente con culturas totalmente distintas a las del país de origen. Este último escenario es el que ha estado viviendo, durante casi 20 años, Kattia Juárez Dubón, una salvadoreña que actualmente realiza su trabajo desde Suiza.

Ingeniera agrícola de vocación y formación, Kattia pertenecía a la Junta Directiva de la Federación Salvadoreña de Motociclismo de El Salvador, cuando, en 1998, recibió una invitación para asistir a un congreso internacional: “Yo ingresé a la federación para apoyar a mi hijo, que practicaba el deporte. Era la única mujer en la federación. También cuando estudié mi carrera fui la única mujer de mi promoción. Eran otros tiempos. Cuando acudí a ese congreso internacional, en Caracas, también fui la única mujer, entre representantes de 18 países asistentes. Comencé a abrirme campo en este mundo tan cerrado para nosotras”, recuerda.

En esa época, las federaciones internacionales discutían sobre cómo aminorar la huella ecológica de la práctica del motociclismo. Era una responsabilidad que había que enfrentar y trabajar desde distintos proyectos ambientales. “Formamos en América Latina una Comisión de Medio Ambiente, para que nuestros eventos no dejen una huella negativa y sean sostenibles y amigables con el medio ambiente. Por mi formación y experiencia profesional,  me propusieron ser la responsable. Me pareció una labor muy importante y necesaria y una manera de poner en práctica mi vocación. En esa época, el que era mi esposo y yo teníamos una empresa de taller automotriz y nos iba bien. Por eso decidí alternar también el trabajo de voluntaria en la federación”.

Nuevamente, Kattia abría brecha al convertirse en la primera mujer latinoamericana en pertenecer a la Comisión Internacional de Medio Ambiente, dentro de la Federación Internacional de Motociclismo. El salto como responsable derivó en múltiples viajes y organizaciones de eventos, en Europa y América Latina. Según explica, su trabajo consistía en realizar informes técnicos, desarrollar planes estratégicos y realizar actividades en el área de responsabilidad social dentro de la Federación.

El nivel de excelencia en su trabajo hizo que, en 2011, en un congreso en China, el CEO de la Federación Internacional le propusiera dirigir la Comisión a nivel internacional, ya no sólo latinoamericano. “Me preguntó que si pensaba que ser mujer, en ese mundo de hombres, sería una desventaja. ¡Le dije que todo lo contrario! Para mí siempre ha sido una ventaja ser mujer, porque tenemos muchas cosas que ofrecer, una capacidad organizativa y resolutiva tremenda, creatividad, fuerza, templanza… además, siendo latina, es mucho mejor todavía. Al menos, así lo he vivido yo siempre”.

El compromiso como responsable internacional de Medio Ambiente la ha llevado a trabajar con personas de distintas lenguas, culturas, religiones y sistemas laborales. A partir de 2012, su base de operaciones ha estado en Ginebra, Suiza, y desde ahí supervisa el trabajo que se realiza en países europeos, asiáticos y americanos, junto a un equipo de 14 personas. Todos hombres.

“Desgraciadamente, aún existen vestigios de racismo hacia nosotros, por venir de países de ‘tercera línea’, como ellos los llaman. Y  hay gente que, aún con tu experiencia y trayectoria, te quiere ver de menos. Pero yo pienso que la única respuesta ante la discriminación es trabajar más y mejor. La personalidad latina, mi calidez como salvadoreña, me han hecho ser muy extrovertida y aventada y eso me ha ayudado a saber llegar a la gente. En Europa, curiosamente, a las latinoamericanas nos ven como mujeres muy dulces. Yo soy una mujer de carácter fuerte. Creo que hay que saber mostrar los dientes y la mano dura, cuando es necesario. Pero, sobre todo, hay que lograr el respeto y la admiración, y no que te tengan temor por tu carácter. Esa es la diferencia que muestra alguien que es líder de verdad”.

Estar expuesta a tanta diversidad cultural le ha permitido desmontar muchos mitos y estereotipos que existen alrededor de ciertos países, especialmente los de tradición musulmana. “Trabajando en países árabes, como Qatar,  me he llevado grandes sorpresas. Mi experiencia fue encontrar a gente muy abierta. Estando ahí, usé la túnica que ellos llaman ‘abaya’, sin el velo. Nadie me obligó a nada. Me sentí cómoda, aceptada. Ellos lo vieron como una muestra de respeto a su religión y cultura, no como un disfraz. Yo pensaba que las mujeres estaban obligadas a usarlo, no es así. Se me cayeron muchos prejuicios. Muchas veces, desde afuera juzgamos mal, sin saber, sin conocer realmente su historia y cotidianidad”.

Después de haber visitado cerca de 50 países, hay algunos que la han impactado en mayor medida. De Japón cuenta que le sorprendió el buen humor de su gente, alejado del cliché de la permanente reverencia y el trato discreto y silencioso que ha trascendido internacionalmente. También su nivel de detalle y cuidado en todo lo que realizan –“ponen el alma en todo”-, como reflejo de su cultura milenaria. En países europeos, como España, se ha impresionado con la práctica común del topless en la playa: “Yo iba como monja de los años 20 a bañarme. Me encanta que las mujeres no tengan complejos. No les importa cómo es el cuerpo, van enseñando las tetas y ya. En Ibiza, me atreví a hacerlo y sentí la libertad de bañarme así. ¡También me impactó ver cómo comen! Los horarios españoles son únicos en toda Europa y en el mundo, un verdadero cambio para los que llegamos de otro país”.

Su labor también consiste en sensibilizar sobre el tema medioambiental, dar conferencias y asesorar trabajos académicos, en algunas universidades de Estados Unidos (Texas), Italia e Indonesia. La reducción de la huella negativa de los eventos del motociclismo se enmarca en un proyecto llamado “Ride green”. Desde esta iniciativa, se realizan actividades de recogida selectiva de los residuos de papel, cartón, plásticos, metales, vidrio y orgánico, generados durante los eventos y se intenta minimizar los residuos no valorizables. Con la ayuda de empresas locales, garantizan que los residuos recogidos se reciclen y se transformen en materia prima secundaria. Además, se pretende fomentar un pensamiento verde entre los ciudadanos, deportistas, administración pública y empresas. Kattia está desarrollando, actualmente, un libro que recopila todo el trabajo realizado, en diversos países, durante los últimos años, a partir de este proyecto.

La dedicación a su trabajo y las decisiones personales que tuvo que tomar a lo largo de su vida, según reconoce, pasaron factura en su matrimonio. “Nos separamos y no fue un proceso de divorcio fácil. Pero en el balance de todo, para mí lo más importante era lo que pensaba y sentía mi hijo, que ahora tiene 28 años. Yo he vivido ese eterno dilema que vivimos las mujeres que trabajamos fuera de casa. Esa culpa que nos acompaña. Mientras estaba en mis viajes de trabajo, lo cuidaban mi mamá y su papá. Fui muy afortunada de tenerlos. Sabía que él estaba en las mejores manos y siempre me centré en dedicarle calidad de tiempo, cuando estábamos juntos. Hace poco, le dije que me sentía mal por haber estado tanto tiempo fuera, por haberme perdido muchas cosas de su vida. Su respuesta fue: ‘Yo de eso no me acuerdo, mamá’. Y me reiteró que para él lo más importante es tener a una madre feliz, realizada, haciendo lo que le gusta y enseñándole que no hay nada imposible de conseguir en este mundo, si uno se esfuerza y trabaja duro”.

Kattia asegura que gran parte de su temple lo adquirió mientras estudiaba en la Universidad Nacional de El Salvador, en medio de la turbulencia e inseguridad que generó la guerra civil. “Esos años me marcaron, definitivamente. Siempre pienso que si fui capaz de estudiar en una situación tan hostil, con un cerco militar, oyendo bombas, mientras estudiaba derivadas, puedo ser capaz de todo. En nuestro país, uno aprende a sortear el miedo. A mí me dicen: ‘váyase a Kenia o a cualquier lugar peligroso, y yo digo que sí, sin problema”.

Amante de la pintura y la cocina, un nuevo capítulo se abrirá en su vida el próximo año, cuando contraiga matrimonio con su actual pareja. “Después de mi divorcio, perdí mi empresa, mi casa, todo. Estoy cerrando un capítulo para empezar una nueva vida, como muchas mujeres. Lo podemos hacer. Tengo el proyecto de abrir una empresa en Europa y también estoy dirigiendo un video con una productora salvadoreña, sobre el proyecto de ‘Ride green’, que recoge experiencias, testimonios, aprendizaje. Sigo pensando en lo mucho que podemos aportar las mujeres, dentro y fuera de nuestros países. No hay que poner de excusa a nuestras familias o hijos para no realizar esos proyectos que deseamos. Es difícil, lo sé. Pero hay que atreverse e intentarlo”, finaliza.

Fotos: Mayra Navarrete y Joe Escobar

4 comentarios en ““Ante la discriminación, yo respondo con más y mejor trabajo”

    1. Me alegra que te guste, Jenn. La historia de Kattia es muy interesante. Gracias por leernos y escribir. Un abrazo!

  1. Lindísimo el testimonio de vida personal y profesional. Mucha inspiración y aliento pasas, Kattia. Enhorabuena a todos por la publicación. Saludos desde Brasil.

    1. Muchas gracias por tus palabras, Ingrid. Es verdad que la experiencia de Kattia realmente inspira y nos impulsa a luchar por nuestros proyectos. Recibe un cordial saludo 🙂

Deja un comentario