“Como salvadoreña, pongo una milla extra en todo lo que hago”

Por: Claudia Zavala

Desde San José, Costa Rica, Claudia Valencia Cuéllar hace un balance de los 11 años que ha vivido fuera de su país, El Salvador. Su destacado perfil profesional la ha ubicado al frente de proyectos en empresas multinacionales, que le han dado acceso a viajar y conocer una diversidad de culturas y destinos como Estados Unidos, Holanda, Alemania, entre otros. “Empecé a trabajar, desde los 20 años, en una empresa multinacional que me permitía vivir, por temporadas, en Guatemala y Panamá. Siempre fui muy dedicada en mis estudios y mi trabajo me permitía pagar mi formación universitaria”.

En 2006, en unos de sus viajes a Costa Rica, recibió una interesante oferta laboral para quedarse a vivir ahí. Después de un tiempo de análisis, aceptó la propuesta, en 2007. Pero justo en ese mismo año, a su madre le detectaron cáncer. “Ella estaba muy enferma. Yo dudé en aceptar el trabajo, porque quería permanecer a su lado para cuidarla. Ella me incentivó para que aceptara el reto. Me dijo: ‘tienes que vivir, hija, vas a estar mucho mejor, vete. Es lo mejor que te puede pasar en la vida, quiero que seas una gran persona, que crezcas’. Sus palabras me motivaron para decidir moverme a Costa Rica”.

En medio de la preocupación familiar, pero deseosa de progresar profesionalmente, Claudia se instaló en San José, en diciembre de 2007. Luego de unos meses de adaptación laboral y cultural, tuvo la oportunidad de viajar a El Salvador, en marzo de 2008, en unas vacaciones de Semana Santa, para estar con su madre, que seguía luchando contra la enfermedad. Después, la idea era reencontrarse en junio, para celebrar juntas el cumpleaños de Claudia. “Le dije que volvería el 17 de junio, para que celebráramos mi cumpleaños el día 22. Ella me dijo: ‘estoy mal, hija, pero voy a aguantar para poder verte’. La llamaba todos los días, para saber cómo estaba y para alentarla hasta nuestro encuentro. Recuerdo que llamé un viernes, a inicios de junio, y ella no me contestaba. Me preocupé mucho. Mi hermana me respondió después y me dijo que mi mamá había muerto ese día, a las 3:00 pm. Es lo más desgarrador que me ha podido pasar en la vida. La pesadilla de cualquier persona que vive lejos de su familia es vivir la muerte de alguien querido, estando separados… Es algo que siento que, después de todos estos años, todavía no he podido superar”.

En su desesperación por estar con su familia, Claudia recuerda que salió corriendo al aeropuerto a buscar un vuelo, para viajar esa noche o al día siguiente, a primera hora. Le dijeron que no habían boletos disponibles, sino hasta el domingo por la noche. Una espera de dos días. “Me habían dicho que mi papá estaba súper mal, que no aguantaría estar tanto tiempo velando a mi mamá, tenía que ser todo rápido. Yo sentía un dolor profundo en mi corazón. ¡Estaba desesperada! Recuerdo que no paraba de llorar en el mostrador de la aerolínea, pidiéndoles que, por favor, me dieran una solución. Insistían en que los boletos son intransferibles, que era necesario que alguien renunciara a su reserva para hacerme el cambio. Un señor que estaba cerca les dijo que se lo cambiaran a él. Que renunciaba a su reserva y su boleto y luego compraría otro. Que me lo dieran a mí. Nunca me alcanzará la vida para agradecerle lo que hizo. A día de hoy, sigo en contacto con él. Los costarricenses que he conocido, en general, son así, empáticos y solidarios, cuando te pueden ayudar. Para mí esa fue una gran lección de humanidad. Aunque no pude despedirme de mi mamá, al menos pude llegar a enterrarla”.

Claudia cuenta que, desde la distancia, el impacto emocional de la muerte de su madre y el hecho de estar sola en una tierra distinta a la suya lo gestionó refugiándose en el trabajo y los estudios. Licenciada en Administración de Empresas, con dominio del inglés y portugués, estudió también un Máster en Comercio Internacional y otro en Administración de Proyectos,  que está por terminar.

Su tiempo de duelo también lo vivió descubriendo una Costa Rica que, aunque es geográficamente muy cercana a El Salvador, tiene marcadas diferencias culturales: “En general, el tico es diplomático. No se le pueden decir las cosas de forma directa y contundente. Hay que hablar con mucho adorno, para que no se lo tome mal. Son estrictos con los horarios laborales; no se les puede pedir algo más allá de las 5 de la tarde. He tenido que aprender a lidiar con eso, porque yo estaba acostumbrada a otros ritmos, pero ahora intento no presionar demasiado. Y, sí, debo reconocer que he notado recelos, a nivel laboral, pues piensan que el extranjero les viene a quitar el trabajo. Aquí han llegado últimamente muchos venezolanos y colombianos y se nota la tensión hacia ellos. Antes ya pasaba con los nicaragüenses. Pero creo que ese recelo se da en todos lados, lastimosamente”.

La limpieza de las calles y la permanente actitud cívica de los costarricenses fueron algunos de los aspectos que impresionaron a Claudia al llegar. “Hacen cola para subirse al bus. Hay de todo pero, en general, intentan evitar la violencia. Promueven una cultura de paz y de entendimiento y eso se nota en el hecho de que no tienen Ejército”.

Aunque reconoce notar algunos cambios en ciertas zonas del país, en los últimos años, asegura que sigue siendo un lugar muy seguro para vivir. La belleza de sus playas, su biodiversidad, el cuidado del medio ambiente, el apoyo al sector agrícola y el consumo de sus productos locales también son elementos que ella destaca del país centroamericano. “Se sienten orgullosos de sus tradiciones, de sus fiestas. El fútbol se vive como una locura, más ahora con Keylor Navas en el Real Madrid”.

En medio de su desarrollo profesional, hace 6 años, Claudia dio a luz a su hijo, Fernando. La experiencia transformó por completo su vida. Ser madre soltera, lejos de su familia, sin duda, ha significado uno de sus más grandes retos.

“Luego de la muerte de mi mamá, tuve un conflicto espiritual que me duró como 4 años. Tenía esa herida tan abierta. Fue una etapa de negación dura. Le reclamaba mucho a Dios, pues pensaba que se había olvidado de mí. Enfrentar sola la crianza de mi hijo me hizo renovar muchas cosas, entre ellas, mi fe. Me reconcilié con Él y ahora asisto a una iglesia en la que he encontrado a una verdadera familia. También encontré a una mujer maravillosa, tica, que cuida a mi niño desde que tenía 3 meses de nacido. Le da amor, ternura, valores… Ella es mi sostén, para que yo pueda seguir trabajando y avanzando. Estoy segura de que es un ángel que me mandó mi mamá para que me ayudara y no estuviera sola en mi camino con mi hijo”.

Actualmente, Claudia continúa destacando en su trabajo. Gestiona diversos proyectos en el centro de servicios de su empresa y transfiere procesos de mejora entre México, Centro y Sur América. “En lo laboral, como salvadoreña, aporto una milla extra en todo lo que hago. Mis amigos me dicen que soy admirable y creo que mi mamá estaría orgullosa de ver hasta dónde he llegado. La gente me ve y me dice que los salvadoreños somos imparables. Yo les digo que tienen un gran país; que en el mío, tristemente, hay cientos de asesinatos, una horrible inseguridad, y muchos criamos a nuestros hijos lejos de nuestra tierra sólo por ese miedo. Quiero que mi niño aprenda de la diversidad de culturas, que sea abierto, flexible, que no se quede cerrado en un solo lugar. No me veo terminando mi vida en Costa Rica, siento que ya cumplí mi ciclo, aunque no sé qué vueltas dará la vida. Estaré siempre agradecida por todo lo que esta cultura me ha aportado, como persona y profesional”, finaliza.

3 comentarios en ““Como salvadoreña, pongo una milla extra en todo lo que hago”

  1. Que bonita hiatoria, comparto ese miedo de que mi madre muera es tanto yo lejos de ella, pero confío en Dios. Te felicito por todo tu empeño y dedicación.

  2. Estimada Claudia: la felicito por su enfoque y éxito profesional y ahora personal con la crianza de su hijo . Es un orgullo leer historias como la suya de superación , estoy segura q su madre también lo está y cuida siempre de ud y su familia . Ud tiebe todas las herramientas profesionales p desarrollarse en otros países. Deseo todo lo mejor para su vida. Abrazos . El cielo es el límite .

  3. Admiro tu capacidad de sanar. Tu madre sin duda esta contigo en los momentos en que la sabiduría mas te guía. Te felicito y te animo que sigas poniéndote metas. Disfrutando de tu bello hijo, de la persona que te ayuda a cuidarlo y a la comunidad familiar que has encontrado en la iglesia, tu mereces eso y mas! Con cariño solidario, otra Salvadoreña

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