“Emigré a Canadá, como profesional calificada”

Por: Claudia Zavala

Claudia Sandoval cuenta su historia desde Winnipeg, Canadá, uno de los lugares más fríos del mundo, que en invierno puede alcanzar temperaturas de -19ºC. Su experiencia migratoria responde al perfil de profesional altamente calificado que sale de su país de origen, para buscar una mejor calidad de vida: “En El Salvador, no estábamos mal. Mi esposo y yo teníamos un buen trabajo, pero cada vez nos preocupaba más la situación de inseguridad en el país y, además, pensábamos en un entorno con más oportunidades para nuestros dos hijos”.

Licenciada en Diseño Ambiental, se desempeñó como diseñadora de espacios de oficina, en la empresa privada y remodelando espacios interiores, en la Gerencia de Infraestructura de una institución pública del país.

La idea de emigrar comenzó a tomar forma, en 2009, cuando un amigo de su esposo les contó que él y su familia partirían hacia Australia, mediante un programa de Trabajador Calificado. En ese tipo de programas, los países receptores tienen un listado de áreas profesionales, en las que su sistema laboral tiene carencias y se abren a recibir profesionales extranjeros, para suplir esa mano de obra. Las exigencias curriculares y lingüísticas son altísimas para los candidatos.

Después de una larga reflexión y de contactar a un agente migratorio especializado en los trámites australianos, el marido de Claudia, ingeniero industrial, decidió probar suerte haciendo la solicitud, pues ese año habían pocos profesionales en su área. El desencanto llegó con los resultados de su examen de inglés, que no es cualquier examen. Se trata del IELTS (International English Language Testing System, por sus siglas en inglés) el examen de inglés más exigente y prestigioso, utilizado para procesos migratorios de profesionales que aspiran a residir en Australia, Inglaterra, Canadá y Nueva Zelanda, entre los más destacados. La prueba se realiza sólo tres veces al año, en el Instituto Británico de El Salvador, acreditado por Cambrigde. Consiste en un test que dura de 4 a 5 horas, con pruebas de conversación oral, comprensión auditiva, lectura y escritura (redacción de un ensayo). Someterse a la prueba cuesta unos 350 dólares y tiene una vigencia de dos años, tiempo que tarda aproximadamente el proceso migratorio, en caso de que apruebe el examen. Por su dificultad, la gente, ya con un buen nivel de inglés, suele hacer un curso especializado sólo para prepararse para el examen.

“Reprobar para él fue una gran decepción. Se frustró por completo. Intentamos olvidarnos del mal trago remodelando la casa. Recuerdo que dejé pasar un buen tiempo para que superara ese fracaso, hasta que un día le dije ¿por qué no lo intento yo?”.

El matrimonio pensaba siempre en Australia como destino. Analizaron el sistema de puntos y de homologación de títulos. Una amiga de la mamá de Claudia, residente en Australia,  se ofreció para asumir los costos del trámite de homologación, para ayudarlos. “Mi ventaja es que, al ser diseñadora ambiental, puedo irme por el lado de la decoración, diseño de interiores, de jardines… es bien amplio el espectro laboral. Me ayudó haber estudiado un tiempo en Estados Unidos. Aún así, hice un curso para prepararme. Fue duro para mí, porque pasé el examen, pero mi nota no fue suficiente para aplicar al programa”.

Decididos a encontrar una oportunidad como fuese y luego de evidenciar que Australia era el país que más nivel exigía, comenzaron a averiguar sobre otros países, como Nueva Zelanda. Pero el problema era la homologación de títulos, pues el país exige que el trámite esté hecho antes de aplicar al programa y sólo reconoce de entrada los títulos universitarios de Argentina.

Fue entonces cuando alguien les sugirió que averiguaran sobre el programa por puntos de Canadá. Acudieron a una charla informativa de una empresa privada que realiza el proceso legal, pero sin garantizar que lograrán el objetivo final de ser aceptados. Cobran cerca de 8 mil dólares por ese servicio. “Nos parecía demasiado dinero, para no tener ninguna garantía. Decidimos mejor invertir en mejorar mi nivel de inglés. Tomé un año completo de clases, antes de aplicar otra vez. Tenía que hacerlo pronto, porque hay una edad límite para aplicar. A más edad, te restan puntos en determinadas cosas”.

Así, Claudia se enfocó durante todo el año 2011 en su estudio intensivo del inglés. Esta vez, tomó incluso unas clases especializadas para escribir ensayos en ese idioma, que es el corazón de la prueba escrita. En 2012, estaba programado su examen. Para mayor preocupación, les llegó la noticia de que Canadá  acababa de aumentar la nota de inglés para filtrar aún más a los candidatos que se presentaban. Claudia pasó el examen pero, nuevamente, su nota no era suficiente para aplicar al Programa Federal de Canadá y elegir ellos dónde residir. Fue entonces  cuando alguien le comentó del Programa de Nominación de Provincia de Manitoba, en el cual las personas deben demostrar cierto arraigo hacia dicho lugar, mediante un familiar o amigo. Esa persona se compromete moralmente ante el gobierno canadiense en ayudar en la inserción social y cultural del inmigrante, quien debe residir obligatoriamente ahí, durante dos años, antes de mudarse a otra ciudad, si así lo desea.

“Movimos cielo y tierra, para averiguar si teníamos algún contacto en Canadá. Mi esposo tenía tías en segundo grado en Ontario, pero no ganábamos puntos porque no eran familia directa.  Resultó que un ex compañero de colegio de mi esposo vivía en Winnipeg, la capital de la provincia de Manitoba. Y la tía de una ex compañera de mi colegio también. Fue el amigo de mi esposo quien nos ayudó. Estaremos siempre muy agradecidos, pues ellos se comprometen a orientarte, enseñarte el sistema social, sanitario, de transporte. Hoy en día, eso no lo hace cualquiera”.

Para entonces, ya había pasado un año desde que Claudia había hecho su examen; le quedaba sólo un año de vigencia y, si iniciaban los trámites para Manitoba, les quedarían pocos meses de margen para todo lo que conlleva el proceso migratorio. Escuchó la sugerencia de examinarse por tercera vez. Más esfuerzo. Más tiempo. Más dinero. Pero ella decidió enfrentarse nuevamente al estrés de la prueba, para tener mejor nota y estar más cerca de cumplir el sueño familiar. “Cerraron las aplicaciones, en diciembre de 2012, y lo abrieron otra vez, en junio 2013. Averigüé que en Costa Rica hacen el IELTS todos los meses y viajé hasta ahí para hacerlo. Me fui un viernes al mediodía. Lo hice el sábado y el domingo regresé a El Salvador. Era marzo de 2013”.

El resultado fue positivo. Claudia mejoró su nivel y su nota. Y en junio de ese mismo año aplicaron al programa. Obtuvieron respuesta dos años después, en abril de 2015, pues debido al tsunami, en Filipinas, y la guerra en Siria, dieron prioridad a los postulantes de estos países. En junio de 2015, recibieron una carta que les informaba que ella había sido aceptada como profesional calificada, para iniciar su proceso de residencia, junto a su grupo familiar. Después de subsanar complicados requisitos financieros, médicos, académicos y migratorios, el 4 de diciembre de ese año, Claudia recibió una llamada de Fedex, para decirle que tenían para ella un paquete internacional.

“Esperé a mi marido para abrirlo juntos. Eran los pasaportes visados ¡Por fin! En ese momento, hubo un mar de emociones contrastantes en mi mente y en mi corazón… Alegría, por conseguir lo que habíamos deseado durante tantos años; incertidumbre, por no saber lo que vendría; miedo, por no saber si nos estábamos equivocando; nostalgia, por dejar a nuestra tierra, familiares y amigos”.

Claudia, su esposo y sus dos hijos, de 18 y 10 años, respectivamente, llegaron a Winnipeg, el 22 de julio de 2016, al mediodía. Por consejo del amigo de su esposo, se alojaron en casa de una familia iraní, en un cuarto grande, con tres camas y baño propio. El pago mensual incluía desayuno y cena.

El paisaje verde y las grandes extensiones planas de tierra llamaron la atención de Claudia al llegar. También la variedad cultural de la que es una de las ciudades más interculturales y multilingüísticas de Canadá.

“Mi hija Jimena va a una escuela de inmersión francesa. Al principio, fue duro para ella. Quería regresar a El Salvador. Los dibujos que hacía eran sobre el país y su permanente nostalgia. Su hermano, Fernando, la cuidó mucho y jugaba con ella, fortalecieron bastante su relación. Él también dejó a sus amigos de toda la vida. Entró a un sistema escolar en el que en todas las clases tiene compañeros diferentes, pues es un programa internacional. Bajó mucho su rendimiento académico, no le gustaba salir, llegó en una edad muy difícil. Con la llegada de un compañero de Venezuela, con el que hizo click, comenzó a adaptarse, poco a poco y a estar mejor”.

Al llegar, el matrimonio se puso manos a la obra con la búsqueda de empleo. Claudia cuenta que, al principio enviaba su currículum y nadie la llamaba. Pero, luego de realizar un curso para entender cuál era la manera adecuada de aplicar laboralmente en el sistema canadiense, consiguió su primera oportunidad y comenzó a trabajar como ejecutiva de ventas, en diciembre de 2016, en una compañía que vendía lámparas para casas y comercios. Luego, trabajó como diseñadora de cortinas y cocinas y ahora está en una empresa en la que diseña la “casa modelo” que se enseña para vender. Su jefe y todos sus compañeros son canadienses, salvo un colega chileno. Ella asegura que, pese a tener un buen trabajo, no descarta la idea de emprender y montar su propio negocio y, de momento, está explorando distintas alternativas manuales para poder vender. Su esposo trabaja en la planta de producción de una compañía que fabrica garrafas de agua y tiene un jefe salvadoreño.

En cuanto al clima tan adverso, Claudia cuenta que se lo habían pintado tan tremendamente hostil que, con mentalizarse bien y aprender a vestirse adecuadamente, han sabido sortearlo sin mayores sufrimientos.

“Con semejante frío también se puede vivir. Hay que aprender a disfrutarlo, jugar en la nieve, saltar… Soy curiosa, me reto a mí misma para seguir aprendiendo. Me siento segura con mi nivel de inglés, pero sigo estudiando el vocabulario técnico en el que tengo deficiencia. Hasta ahora, no he sentido discriminación. Si uno demuestra que de verdad sabe, no hay nada que nos pueda detener. La mayoría de la comunidad salvadoreña en Winnipeg es refugiada de guerra, personas mayores ya. Nosotros somos otra generación, con perfiles distintos. Podemos complementarnos muy bien y pensar en ofrecer algo a nuestro país. Recuerdo que cuando estábamos en El Salvador nos decían: ¿pero les ha pasado algo? ¿por qué se quieren ir? No tiene que pasarte algo para querer mejorar en la vida. Todo este esfuerzo es por nuestros hijos. Esta sociedad es muy interesante, pero también es un reto en la crianza de ellos. Nosotros tenemos nuestros valores bien definidos. Y tratamos de inculcárselos cada día, desde casa. Siempre les digo que, de puertas para afuera, es Canadá. Pero, de puertas para adentro, es El Salvador. Y ellos deben aprenden a convivir con ese equilibrio. Es una gran riqueza”.

13 comentarios en ““Emigré a Canadá, como profesional calificada”

  1. Querida claudia felicidades por su espíritu aventurero , su deseo de progreso p sus hijos y el empuje y amor a la familia q los impulsó a emigrar . Se por experiencia propia q adaptarse a una nueva cultura, a un clima diferente , a una sociedad multicultural no es fácil , pero tampoco es imposible . Los seres humanos tenemos la capacidad de adaptación y el instinto de supervivencia. Me enorgullece leer su historia y se q nunca se arrepentirá de este gran paso q cambiará la historia de sus futuras generaciones .muchos quieren emigrar pero no todos tienen la firmeza de volver a empezar de cero . Dios tiebe un propósito en nuestras vidas así q confíe en El. Y El hará. Y co serve este versículo q ha sido mi himno de batalla josue1:9 : “Mira q te mando q te esfuerces y seas valiente, no temas ni desmayes, porque Jehova tu Dios estará contigo dondequiera q tú vayas” . Abrazos desde New York

  2. Me encanta la filosofía “de puertas para adentro es El Salvador”. Como salvadoreños debemos de mantener nuestra cultura y nuestro idioma, porque no todo en El País es malo y no debemos de avergonzarnos de lo que somos.
    Muy interesante la historia, ha sido un gran reto definitivamente y sólo personas enfocadas en su objetivo logran llegar hacia la meta. No hay duda que los hijos y el futuro de ellos mueve montañas.
    Me alegro mucho por tu familia!
    Éxitos!!

  3. Orgullosa de saber que mujeres como usted representan parte de lo bueno que El Salvador tiene,que podemos aportar tambien al desarroyo de una nacion ,que nos damos a conocer que nuestro pais tiene gente luchadora ,aguerrida,valiente y desidida a triunfar fuera de nuestro pais.Mis felicitaciones por sus logros !!!!

  4. Claudia, me enorgullese saber de tu esfuerzo y deseo de salir adelante. Como inmigrante comparto lo dificil que es salir adelante en un pais extraño legos de tu familia y amigos, pero que cada dia que pasa te llena de satisfaction cada logo alcanzado… adelante y Felicidades

    1. Para mí es grato conocer y compartir estas historias, Laura. Aprendemos todos y , por qué no, nos llegamos a inspirar con experiencias de este tipo, a pesar de la adversidad de estar fuera de nuestra tierra. Le mando un abrazote 🙂

  5. Qué orgullo siento de leer a una mujer tan especial no solo por su lucha… Por su valentía para dar lo mejor por su familia… y por todo lo que nos inspira a otras mujeres. Felicidades Claudia.

  6. Felicidades, eres una muestra de la tenacidad que siempre ha caracterizado a los salvadoreños. Tus hijos en su momento apreciarán el sacrificio hecho al ver como puertas de oportunidad que se les abrirán que jamas hubieran tenido en El Salvador .

  7. Muchas gracias por compartir estas historias. Dios les bendiga a sus entrevistad@s, porque a veces debe ser difícil compartir ciertas partes de tu vida privada. Pero gracias a ellos podemos apreciar aún más todas las oportunidades que la vida nos da.

    1. Sí, Jeannette. Tiene toda la razón. Es un gran ejercicio de generosidad abrir el corazón de esas manera y compartir experiencias tan personales. Yo estoy profundamente agradecida con estas mujeres y con gente como usted, por tomarse el tiempo de leernos. Un abrazo 🙂

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