“He aprendido a no quejarme, viviendo fuera de mi país”

Por: Claudia Zavala

Claudia Cuenca desprende entusiasmo. Cada una de las anécdotas que comparte proyecta el carácter de una mujer impetuosa y dinámica. Un carácter y una personalidad que han sido los que la han ayudado a superar los momentos más difíciles, según cuenta.

Llegó a Estados Unidos a vivir, en el año 2000. Ella y su esposo se instalaron en Miami. “Resulta que me casé con un ciudadano americano y yo no sabía. Mucha gente no me cree, pero de verdad yo no sabía que era él gringo. Sabía que había vivido y estudiado en Estados Unidos, pero hasta ahí. Cuando estábamos haciendo los trámites para nuestra boda en El Salvador, el abogado le dijo: Traiga su certificado de ciudadanía americana. Y yo, ¿el qué? Y él… ah, ¿no te había dicho? ¡Pequeño detalle! Me enteré como 5 días antes de casarnos”.

El ciudadano americano vivía en El Salvador y era gerente de Mercadeo para Latinoamérica de una multinacional. Además, tenía un programa de radio en la estación en la que Claudia era gerente. “Su programa era de noche y por eso nunca lo había visto. Pero, lo escuchaba, de vez en cuando y recuerdo que me caía mal, jajaja! Cada cinco minutos decía: ‘y bueno, amigos, buenas noches, yo soy Raúl Góchez’… y al ratito otra vez… ‘y los saluda su amigo Raúl Góchez’… Y yo decía, ¡y este qué tanto se vende con el Raúl Góchez! Jajaja!! En la fiesta de navidad de la radio lo conocí. Salimos en grupo. Yo tenía que vender paquetes promocionales y lo fui a visitar como un cliente más. Luego, me invitó a ver ‘Titanic’, eso fue en el 98-99. Luego, las cosas se dieron. Decidimos hacer nuestra vida juntos y, cuando nos casamos, nunca hablamos de emigrar ni nada. Él viajaba mucho por su trabajo, pero yo jamás imaginé que me iría de mi tierra”. Cuatro meses después de la boda, Raúl recibió una oferta de trabajo en Miami y decidieron apostar por esa oportunidad. Al llegar a Estados Unidos, Claudia comenzó a trabajar en el Consulado de El Salvador en Miami.

Su trabajo y su vida, en general, eran estables y satisfactorios hasta que, en agosto de 2002, nació su primer hijo. “Eso cambio mi dinámica de vida totalmente. Desde el día del parto, que fue un todo un show. Íbamos a las 6:30 am hacia el hospital y nos chocó un carro de Correos. ¡El niño se me subió al buche del impacto! Llegaron ambulancias y todo, porque fue bastante fuerte el golpe. Me hicieron una cesárea, a las 8:30 am. Mi mamá pudo llegar a ayudarme, pero sólo un mes, más o menos. A mí me dio una depresión postparto tremenda. Mi niño, además, no dormía en las noches, se dormía hasta las 9 de la mañana. Tenía los horarios atravesados. Yo recuerdo que salía al garaje a llorar, para que mi mamá no me viera y no se preocupara. Pensaba que era algo normal y que ya se me pasaría. Pero, realmente, yo necesitaba ayuda. Admiro mucho a las mujeres que salen adelante sin ningún apoyo, pero yo me sentía realmente mal. Además, había esperado bastante tiempo para ser mamá, quería cuidarlo yo. Aguanté todo lo que pude. Hablé con Raúl y le dije que necesitaba a mi familia. Él comprendió todo y decidimos regresar a El Salvador, en 2003, a empezar de cero”.

De vuelta en su país de origen, el matrimonio decidió montar una empresa de distribución de ropa y calzado. En 2006, la familia creció, luego de la adopción de una niña: “Yo había perdido antes a un bebé. Tenía más de 40 años. Creo que es importante hablar abiertamente de estos temas, pues hay gente que todavía tiene muchos prejuicios, por miedo o ignorancia. ¿Que si existe una diferencia en el amor que se siente entre un hijo concebido y uno adoptado? Es igual de intenso y profundo. Yo doy fe de eso. La gente me dice que ella se parece a mi esposo. Tenemos las dos  un camanance en el mismo lugar; también tiene un lunar en el mismo lugar que mi esposo. Me la dieron a los dos meses de nacida. Es nuestra hija. Llegó a hacer aún más fuerte y sólida a nuestra familia”.

Junto a la nueva dinámica familiar, en 2008, Claudia incursionó en la televisión, siendo la conductora del primer talk show salvadoreño, llamado “Tu amiga Claudia”: “Yo había trabajado antes en producción, guionización y haciendo comerciales. Este programa era un magazine matutino de dos horas diarias en vivo, de lunes a viernes. Fue una gran experiencia. Pero no estuvo mucho tiempo al aire, por diversos motivos. Además, nuestro negocio tampoco iba bien. Nuestros ahorros se estaban agotando con todos los gastos que teníamos. La situación económica era realmente dura y, entonces, nuevamente, surgió la opción de emigrar. Vendimos todo y nos fuimos”.

Esta vez, la ciudad elegida fue Rancho Cucamonga, en el condado de San Bernardino, California. Primero viajó Raúl, en abril de 2010, y luego ella con los niños, en julio de 2010. Claudia reconoce que, pese a haber tenido una experiencia previa viviendo en Estados Unidos, el impacto de la llegada fue negativo, sobre todo por la dificultad de adaptación que tuvieron inicialmente sus hijos.

“Aquí hay que tener 5 años cumplidos para ir al kínder. Mi hija tenía 4. La llevé algunas veces a un ‘daycare’, pero regresaba aburrida, no le gustaba, porque sólo la ponían a dormir y ella venía acostumbrada a su kínder de El Salvador, donde jugaba, bailaba, cantaba, estaba muy estimulada”. Claudia asegura que los capítulos de “Dora la exploradora” ayudaron a esa etapa de ajuste inicial para que su hija, desde casa, aprendiera rápidamente inglés, de forma divertida. Sin embargo, era su hijo mayor quien la preocupaba más: “Se bloqueó al llegar. No hablaba. La escuela quedaba cerca de casa y recuerdo que yo iba a la hora de recreo y lo veía a lo lejos, sentado en un columpio, debajo de un árbol. Los demás niños jugando y él ahí, solo, sin moverse ni hablar con nadie. Él sabía inglés, porque había estudiado en un colegio bilingüe y tenía notas excelentes. Pero no se relacionaba. Lo más duro fue que yo, al salir del país, le dije que era sólo por uno meses, para consolarlo, porque lloró muchísimo al despedirse de una primita. Prácticamente, estuvo un año bloqueado y eso es muy duro para cualquier criatura y sus padres”.

La frialdad de la gente fue otro elemento que, al principio, la sorprendió. “Aquí no se pueden crear amistades tan fácilmente. No te dan entrada, son distantes.  Creo que al ser una ciudad tan grande, la gente va y viene y por eso no crean lazos ni vínculos profundos. Pasé más de un año sin salir con nadie. Con los años, he ido conociendo a amigas venezolanas, guatemaltecas, mexicanas, nicaragüenses, colombianas… uno también se va abriendo, poco a poco”.

Paralelo al esfuerzo familiar por adaptarse social y culturalmente, ella tocó puertas y empezó a escribir en un periódico en Houston y en una revista una columna semanal llamada: “Sólo para mujeres con 4 dedos de frente”, dirigidas a mujeres y madres latinoamericanas que, como ella, estaban viviendo en una cultura distinta a su país de origen. Luego, pasó a ser corresponsal de notas de farándula, para la prensa de Los Ángeles y dio el salto al mundo de los comerciales televisivos, en español y en inglés. “He estudiado inglés y me defiendo, pero tengo un acento bien marcado, peor que el de Sofía Vergara. Ya llevo unos 6 comerciales y ahora tengo un agente representante, para ir avanzando un poco más en esto”

La diferencia en la educación de los hijos también es algo que a Claudia la ha sorprendido. “Aquí cualquier cosa que se le diga a los niños ya es ‘llamo a la policía’. Mi mamá fue bien estricta conmigo. Con sólo la mirada del tigre ya sabías todo. Yo también soy así, pero no de pegarles, sino de poner límites con firmeza. La mayoría, no te saluda, pasan de largo. Entras al ascensor y dices ‘good morning’ y nadie contesta. Mi esposo no se corta y dice: ‘helloooo, good morning! Le digo, ¡callate, vos! Pero sí les hago hincapié a mis hijos en eso, que parece un detalle tonto, les digo que no importa que no les contesten, nosotros somos diferentes, esa es nuestra educación, y vamos a seguir saludando”. La mezcla de idiomas es algo natural en su hogar. “Mis hijos hablan salvatrucho. La niña me dice ‘voy a traer a unas cheras a la casa’. Me gusta que hablemos español y que mantengamos nuestros valores. Juntos rezamos, antes de dormir. Creo en eso y es una costumbre que quiero conservar en mi familia”.

La unión y apoyo familiar es algo que han procurado construir, a lo largo de los años, y que se refleja en diversos aspectos. Uno de ellos se materializa en la producción de unos videos que Claudia realiza, desde hace unos meses, a manera de monólogos. https://www.facebook.com/pg/tuamigaclaudia/videos/?ref=page_internal

“Ya cumplí 50 años y cuando llegué a esa fecha no pensé que todos los males me llegarían, jajaja! aquellos sudores, dolamas, olvidos, de todo… Publico estos videos, los jueves y domingos, para conectar con esas mujeres que están atravesando esta maravillosa etapa. Para que lo vean como yo, desde el humor y con alegría, que aprendamos a experimentarlo, agradecidas, como parte de la vida. Mi esposo es el que me ha empujado a hacerlos. Me alienta a hacer proyectos. Mi hijo, que ya tiene 15 años y estudia actuación, es el productor. Yo hago el guión. Mi esposo se graduó de radio y televisión, él da el toque final. Ya me han escrito desde El Salvador, Alemania, Venezuela, Uruguay, Francia. Están triunfando los menopáusicos 50, jajaja! ¡Mejor hay que reírse y no amargarse!”

Luego de siete años de un segundo proceso migratorio, el balance para Claudia es positivo: “Soy consciente de lo privilegiados que somos estando aquí. Juré no volverme a quejar en mi vida, desde que vivo fuera de mi país. Sé que no tengo cerca a toda mi familia, pero tengo a mi núcleo y puedo visitarlos cuando quiero. Sería un pecado renegar. He aprendido a valorar aún más a mis amistades y a mi gente. A ser tolerante, a que no me afecten las cosas pequeñas. Quiero que me perciban como alguien de confianza. Soy alegre, con buen humor, me encanta reírme y bromear. Me gustaría tener un espacio en televisión, como un monólogo en español, con nuestro humor. Mi hija le pasa una mosca y se ríe, ‘so funny’, dice. Es que tiene humor de gringa. Me gusta el contacto con la gente y el humor es un buen camino para enlazar, por muy distintos que seamos”, finaliza.

5 comentarios en ““He aprendido a no quejarme, viviendo fuera de mi país”

  1. Felicidades Claudia !! he visto sus vídeos y son divertidos . Nos hace reír reflejando nuestras propias experiencias. Creo q vivir fuera del país es la oportunidad de ser embajadores de los aspectos positivos de los salvadoreños : emprendedores , proactivos, orientados a la familia y temerosos De Dios . No existen las casualidades ni la suerte , es Dios quien guía nuestras vidas y debemos estar inmensamente agradecidas por su amor y protección. Abrazos carinosos desde New York

  2. “Claudia mi amiga” y en realidad lo somos desde jovencitas. Una gran salvadoreña
    Felicidades por el articulo siempre te luces con tus reportajes!!

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