“La gente en Nueva York es fría, pero hay que integrarse”

Por: Claudia Zavala

Diana Maricela Aguilar es cuidadosa y detallista en su manera de expresarse. Cada palabra tiene la intensidad y el matiz que desea impregnar en todo momento. Desde Long Island, Nueva York, cuenta que aún después de cinco años y medio sigue adaptándose a las prácticas y dinámicas de una ciudad con una cultura muy distinta a la de sus orígenes salvadoreños. “En mayo de 2009, conocí al primo de una amiga, con la que vivía como pupila. Lo vi un miércoles y él regresó cuatro días después a Estados Unidos. Vivía ahí desde los 10 años, aunque es salvadoreño. Estaba de visita y se dio una conexión entre los dos. Empezamos una relación a distancia, hasta que nos casamos,  el 24 abril de 2011. Yo emigré el 2 de marzo de 2012”.

Antes de viajar, en su país, Diana había trabajado como periodista y presentadora en instituciones como el canal 10 y el Ministerio de Educación y, como guionista en un programa de reportajes en profundidad, en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”. En esa etapa, tuvo la oportunidad de formar parte del equipo que realizó un importante documental sobre la Ley de Amnistía en El Salvador, y viajó hasta Viena, para competir en un festival. También se desarrolló como directora de Comunicaciones del “Programa Nacional de Frutas”, del Ministerio de Agricultura, en el ámbito de la cooperación internacional y como encargada de prensa de una institución que vela por los derechos de la mujer.

Aún con semejante bagaje laboral y profesional, partir de cero fue algo complicado de gestionar para ella: “Fue horrible. Cuando llegué, sentí un choque cultural tremendo. Yo sentía que tenía una cultura más conservadora, con valores. Aquí, hay demasiada libertad, todo es ‘normal’. Sentía que la anormal era yo… El tema del idioma también me impactó. Eres realmente mal visto, si no hablas inglés. Yo, que siempre he sido muy independiente, salía a la calle, sin saber qué hacer, dónde ir, dónde comprar. En medio de esos primero días complicados, de remate, me entero que estoy embarazada, el 8 de mayo de 2012. Yo llegué al mandado y no al retozo, verdad, jajaja!”.

El clima húmedo de Long Island también la afectó. Las temperaturas, a veces extremas, muy frías en invierno y demasiado cálidas en verano, fueron parte de su proceso de adaptación  al llegar. Después de 4 años de vivir con su suegra, la pareja pudo independizarse, en junio de 2016.

“Recuerdo que, durante mi embarazo, hubo momentos en que me quería regresar a El Salvador. No soportaba nada; sentía que no me podía valer por mí misma. Dependía de mi esposo siempre. En cuanto saqué mi licencia para conducir, recuperé parte de esa independencia, pero aún así era complicado. Me impresionó la indiferencia de la gente en general, nadie se mete con nadie. No hablas con nadie. Se encuentran personas de todas partes, pero no comparten. Tengo algunas amistades, pero es difícil coincidir en quedar a tomar algo o a comer, por muchos factores… los niños, son otros horarios, los compromisos laborales para pagar el costo de vida que es tan alto, hay facturas por pagar todas las semanas Es una vida más solitaria, en general”.

Mientras estaba embarazada, Diana conoció el caso de Santiago Leiva, periodista salvadoreño que lucha contra el cáncer. Sin conocerlo, contactó a las personas que desarrollaban su campaña de ayuda. “Me conmovió mucho su caso. Sin conocerlos, les dije: ‘Estoy aquí, ¿en qué puedo ayudar?’ Recuerdo que, junto a un señor de New Jersey, se organizó un festival centroamericano, cuyos beneficios fueron destinados al tratamiento médico de Santiago”.

El 27 diciembre 2012, nació su primer hijo. El cúmulo de cambios que implica la maternidad fue otra experiencia que removería la vida de Diana. Conocer el sistema de salud estadounidense fue parte de ese proceso: “Mi mamá es enfermera y me preguntaba cosas, sobre pruebas y demás, y recuerdo que aquí no me decían nada de lo que ella me preguntaba. Sólo decían ‘todo está bien’. Yo no hablaba inglés como para explicarme bien, era frustrante para mí. A los pocos meses de nacido, mi niño desarrolló una alergia delicada y no fue fácil gestionarlo. Mi mamá vino a acompañarme, menos mal. Me sentí más apoyada y cuidada”.

Diana comenta que, desde su llegada en 2012, no había tenido una experiencia laboral formal. En 2014, se enteró que la directora de la institución de la mujer para la que había trabajado en El Salvador viajaría a un evento a la Organización de Naciones Unidas, en Manhattan. Ella los contactó y se puso a disposición para lo que necesitaran, en materia de comunicación y prensa. Por un contacto previo que había tenido cubriendo un evento puntual en la institución, la llamaron notificándole que una trabajadora estaría de baja maternal y que había una plaza vacante para cubrir su tiempo de licencia.

“Comencé, en marzo de 2014. El trabajo me quedaba a dos horas de ida y dos horas de vuelta de mi casa. El salario no era tan alto. Sólo el tren me costaba 363 dólares al mes. Y pagaba 800 dólares de guardería de mi hijo y esto que sólo iba tres días a la semana. La primera vez que fui a Manhattan, me pegué una gran perdida. ¡Y estaba cayendo una tormenta horrible! Llegué como pollo chupado a la oficina. Al terminar de trabajar, tenía que salir volando para llegar a tiempo a recoger a mi hijo”.

El ajetreo que implicaba su trabajo y la imponente dinámica de Manhattan no hicieron mella en su ánimo. Se esforzó mucho para mejorar su inglés y, poco a poco, fue desarrollándose con la seguridad que le daban los años de experiencia en su rama. Desde finales de marzo de 2014 hasta enero de 2015, fue la encargada de Comunicaciones de la Misión Permanente de El Salvador ante Naciones Unidas. Su tarea consistía en organizar reuniones y eventos relativos a los temas de agenda como cambio climático, niñez, discapacidad, derechos de la mujer, entre otros. “Aunque fue poco tiempo, esa experiencia laboral me ayudó a sentirme más segura. Por una situación de salud de mi hijo, tuve que dejar el trabajo, el 31 de enero de 2015”.

Sin claudicar en su afán por desarrollarse profesionalmente, empezó a trabajar en una imprenta, en el área de publicidad, dando seguimiento a clientes de una parte de Long Island. En mayo 2015, la operaron de emergencia de la vesícula. Y, sólo dos meses después, del ligamento central de la rodilla. “Obligatoriamente, tuve que pasar un tiempo en casa, recuperándome, y peleando con mi seguro médico, para que me dieran los medicamentos que necesitaba porque, aun con opiáceos, me dolía mucho. En ese proceso médico sí sentí el racismo a flor de piel, en el trato que recibí, por ser hispana y por no hablar un inglés perfecto”.

En 2016, ya más equilibrada en su salud, Diana empezó a trabajar con una señora en el área de catering y servicios de banquete, los sábados y domingos, teniendo horarios que terminaban a partir de la una de la madrugada. Frente a eso y, aprovechando su experiencia previa en el área de fotografía,  decidió montar su propio estudio: “Establecí mi propio negocio. Se llama ‘Momentos fotografy’. En este tiempo, he tenido bastante trabajo independiente. Ya tengo buenos clientes que han hecho bodas y 15 años. La mayoría de eventos son los fines de semana. Esto me permite estar más tiempo con mi hijo y también aportar al presupuesto familiar. Me quiero especializar en fotos de bebés recién nacidos. Es algo muy creativo que me encanta”.

Junto al desarrollo de su nuevo negocio, la noticia de un nuevo embarazo la llena de ilusión. Es una niña. Nacerá el próximo mes de febrero. Junto a su esposo, ella los define como sus verdaderos motores que la impulsan a seguir avanzando: “Nueva York es frío, continúo sintiendo el choque cultural todavía, pero hay que integrarse. Mi familia me ha ayudado mucho; mi mamá y mis hermanas son un pilar importante para mí.  Esta experiencia me ha ayudado a reforzar quién soy. Ha sido, en definitiva, un gran aprendizaje”, finaliza.

3 comentarios en ““La gente en Nueva York es fría, pero hay que integrarse”

  1. Que excelente reportaje Diana, muy objetivo acerca de un país desarrollado en muchas áreas pero atrasado en otras! La felicito!

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