“Lucho como periodista y empresaria, en Panamá”

Por: Claudia Zavala

Desconectar, mental y emocionalmente, de su intenso trabajo en el mundo del periodismo, era el objetivo inicial de Milagro Vallecillos, cuando visitó Panamá, en febrero de 2001. La casualidad hizo que los terremotos del 13 de enero y 13 de febrero que ocurrieron en El Salvador, ese mismo año, tuvieran un impacto realmente devastador para ella: “Una noche antes del terremoto del 13 de enero, había estado en Las Colinas, la zona que resultó más afectada por los sismos, junto a mi compañero camarógrafo, grabando un reportaje con los vecinos de la residencial. Saber que fuimos los últimos en grabar los rostros de la gente que murió soterrada me sacudió muchísimo. Me tocó duro el corazón.  Cuando fui al lugar de la catástrofe, una señora se acercó y me dijo: ‘mi hijo estaba al lado suyo anoche en la reunión. Ahora está muerto’. Ella, al menos, pudo sacar el cuerpo de su hijo y enterrarlo, con todo el dolor que eso significa para una madre. Ese video que habíamos grabado ayudó a identificar a mucha de la gente que murió en el lugar. Aprendí muchas cosas en ese momento. Sobre todo, el valor de la vida y la gratitud profunda que se puede tener hacia Dios”.

Resistir con valentía las presiones que recibió el canal de televisión en el que trabajaba frente a las denuncias que se hicieron al Gobierno de la época, por cuestionamientos en el reparto de la ayuda internacional, también hizo mella en la ya estresante rutina de trabajo de la periodista. Por eso, 15 días de descanso en Panamá, eran un bálsamo más que necesario en ese momento. La idea era pasar una buena temporada con amigos y colegas del país caribeño. El viaje lo haría en compañía de su madre, dos de sus hermanas y sobrinos. Milagro tenía 25 años.

Ciudad de Panamá la recibió con los brazos abiertos y con la alegría desbordante de gente que la cobijó, no sólo emocionalmente, sino también laboralmente. Para su sorpresa, algunos de sus colegas panameños habían movido contactos periodísticos para que ella ya se quedara trabajando con ellos y se alejara del ambiente convulso de El Salvador. “Fue todo muy rápido. La verdad es que sentí una gran conexión con este país desde siempre. Recuerdo que la primera vez que lo visité, frente al mar, en el mirador, dije: ‘hay algo en este lugar que siento que es mío’. Y mi mamá también me decía que por qué le hablaba tanto de Panamá. Así que cuando me dieron la oportunidad en el periódico ‘Hispanoamérica’, me decidí a quedarme. Estaré profundamente agradecida con esa gente que creyó en mí y que me abrió las puertas laborales en ese momento. Llamé a quien era mi jefe en el canal salvadoreño, para explicarle y renunciar. Se molestó mucho. Recuerdo que me dijo que iba a ser difícil para mí empezar de cero, que nadie sabría quién era… Pensé que éramos dos personas distintas. Que ese ego no era realmente lo que me movía en la vida”.

El “paquete panameño” incluyó trabajo para sus hermanas y diversas actividades adecuadas para la nueva rutina de vida de su madre. Junto a la adaptación laboral, Milagro comenzó a conocer a una Panamá integrada en la región centroamericana, pero muy distinta al resto de países de la zona, entre otras cosas, por su relación histórica con Estados Unidos. Lo que más le impactó fue la diversidad cultural que existe: chinos, árabes, judíos, indostaníes, africanos… un crisol de razas, idiomas y culturas al que no estaba acostumbrada. “Yo había estado becada en Naciones Unidas, en Nueva York, y ya había experimentado esa diversidad, de alguna manera, pero nunca en mi país. En Panamá, me gustó la alegría de la gente. Tienen sus problemas, como todo el mundo, pero son positivos. Como sociedad, son muy pro estado de paz, de soportar cosas en aras de que no se formen caos. Valoro mucho ese espíritu de armonía que tienen. Siempre hay cosas que te molestan, claro, nadie vive en el paraíso. Pero, frente a esos choques culturales creo que hay dos caminos: renegar todo el tiempo de eso que no te gusta o mostrarte agradecida con tu nuevo entorno y tratar de contribuir a que las cosas cambien”.

La imponente obra de ingeniería que representa el canal de Panamá también es otro de los elementos característicos del país. Las transacciones portuarias, el centro financiero y el crecimiento económico que se ha mantenido, pese a los años de crisis, son aspectos que lo hacen destacar del resto de países de la región.

Milagro comenta que, en sus primeros días de adaptación, coincidió una visita del Cardenal salvadoreño Gregorio Rosa Chávez, con quien tenía una relación cercana. El religioso tuvo unas palabras que, según ella, se convirtieron en presagio para el proyecto migratorio que recién iniciaba: “Me preguntó si estaba realmente segura de mi decisión de dejar mi patria. Le dije que no era una decisión motivada por el miedo, sino una mezcla de cosas, pero que era un paso que me daba mucha paz. Me dijo que estaba bien, si era el camino que sentía que debía seguir. Pero que me preparara para la profunda nostalgia que iba a sentir por mi tierra pues, cuando estás lejos, es realmente cuando más conectado y vinculado estás con tu país”. Al poco tiempo, Milagro se incorporó al periódico “El Panamá América”, en la creación de una revista de estilo de vida. Esta experiencia laboral, que duró 4 años, la ayudó a conocer las diversas instituciones del país y, en general, cómo pensaba la sociedad panameña.

Paralelo a su trabajo, junto a su madre y hermanas, visitaban los fines de semana distintos lugares para irse adaptando cada vez más a su país de acogida. Un domingo, explorando una nueva iglesia para ir a misa, entraron a una que les llamó la atención. La familia se sintió acogida y continuó congregándose y tejiendo una nueva red de amigos y conocidos. Un día, los invitaron a una actividad para niños, en la misma comunidad religiosa, pero en otra zona de la ciudad. Milagro cuenta que, junto a su hermana, se sentó un hombre alto. Casi 17 años después, recuerda, entre risas, cómo fue ese primer encuentro con quien se convertiría en su marido: “Me pareció poco simpático y algo pesado al principio, porque sólo se sentó, sin decir nada. Él era parte del coro que se presentó en esa actividad. Con el tiempo, supe que se llamaba Gabriel Leonard, que había estudiado en Arkansas, que tenía un gran amor por la historia, la música barroca y que era editor, como yo. Nos hicimos amigos. Me encantaba hablar con él, porque siempre tenía temas interesantes para compartir. Sentía un verdadero intercambio de crecimiento personal e intelectual.  Nos enamoramos y decidimos construir nuestra vida juntos”.

El binomio con Gabriel traspasó la relación personal. En 2005, la pareja decidió dar el salto y emprender en el mundo editorial. Así nació “Vallenard” (por la fusión de los apellidos de ambos), convirtiéndose en pioneros en lanzar al mercado panameño de la época la modalidad outsourcing de servicio editorial, ofreciendo a los clientes todo lo relativo a contenido, diseño, impresión y producción total, con costos más reducidos.

Durante los primeros seis años, el matrimonio compaginó su negocio con empleos que cada uno tenía, hasta que, por fin, en el año 2011, decidieron dedicarse totalmente al desarrollo de su empresa, lanzando productos propios. Crearon y distribuyeron, en versión impresa y digital, la revista “Panama Green”, para promover una cultura verde y sostenible, en inglés y español. Entre sus productos editoriales también destaca la “Guía logística de Panamá”, que ha funcionado tan bien que ya tienen previsto ampliarla a otros países de la región y también aprovechar el acercamiento comercial entre Panamá y China, para trabajar con diversos clientes del país asiático. Además, han lanzado la novela “Tabú. Entre la fe y el prejuicio”, sobre abusos sexuales en el ámbito religioso. Gabriel es el autor y Milagro la editora.

“Alguien me dijo una vez que lo que hemos hecho ha sido osado, atrevido. Nuestros países no te educan para emprender. Todo está diseñado para que seas empleado de otro. Hay capas sociales a las que les es permitido estar ahí, hacer empresa. A otras no. Mi esposo y yo somos rebeldes por naturaleza y hemos enfrentado muchas cosas de ese sistema cerrado. Hemos pagado altas cuotas de sacrificio por eso, en muchos sentidos. Nos han temblado las piernas, tomando decisiones. Hemos cometido errores garrafales y grandes aciertos.  Pero creemos en nuestra propuesta, en inyectar valores y en educar, a través de nuestros productos. Por el nivel de mística que tenemos, yo me atrevería a ponerme frente a un estadio a defender mi proyecto. Me apasiona lo que hacemos”.

En medio de sus proyectos e ideas innovadoras, doce años tuvieron que pasar para que el matrimonio recibiera a su deseada hija, Gabrielle Marie. “De verdad, pensé que ya no sería madre. Lo deseábamos mucho, pero no se había dado. Recuerdo que un día, oré con muchísima fe, con todo mi corazón, y pedí por su llegada. ¡Al mes siguiente estaba embarazada! Mi hija es una niña llena de alegría, con mucho carácter. Con 2 años, baila como yo nunca he bailado. Tiene el Caribe en la sangre. Sueño con contarle un día mi historia, de dónde vengo. Enseñarle a que sea una mujer fuerte, valiente y con inteligencia emocional”.

Según Milagro, después de 17 años viviendo fuera de su tierra, las palabras del Cardenal Rosa Chávez han estado muy presentes en el proceso que ha vivido. Aunque tiene a parte de su familia viviendo con ella y Panamá es un país geográficamente cercano a El Salvador, el desarraigo por estar fuera de su entorno ha estado siempre presente. “Creo que el tributo más grande que puedo hacerle a mi país es aportar lo mejor que pueda, esté donde esté, con honestidad, con vocación. La gente que me conoce aquí me dice que soy una guerrera. Aspiro a que siempre digan ‘esa salvadoreña nunca le ha hecho daño a nadie’. Yo vengo de donde asustan, sabemos que pasan cosas muy duras en nuestro país. Pero la fuerza del cambio radica en que los buenos no decaigan en la lucha, para que lo malo sea opacado por la intensidad de lo positivo. Yo creo en eso. Es lo que me inspira a continuar, cada día de mi vida”, finaliza.

 

12 comentarios en ““Lucho como periodista y empresaria, en Panamá”

  1. Bello tu historia como tantas Salvadoreñas al rededor del mundo gracias a Dios y sólo gracias a él haz tenido un final feliz bendito sea Jesucristo que encaminó tus pasos por tu gran amor a tu gente a tu pueblo son lecciones de vida que nos marcan y nos acercan más a Dios motivo por los cuales siempre debemos tenerle presente en nuestras vida einculcarles ese amor a nuestros hijos contándole a nuestras historias. Bendiciones y felicidades.

    1. Gracias Mercedes! Muchas bendiciones para ti y tu familia. Tus palabras son tan bellas que no te imaginas cómo está mi corazón de feliz. Un abrazo inmenso!

  2. Somos de esas personas que han tenido el privilegio de conocerlos a los tres y podemos decir que el amor de Dios, al prójimo y a la vida, es lo que los distingue. Milagro y Gabriel, hay grandes sueños!! para verlos cumplidos en este hermoso país, para rato. Porque así lo ha dispuesto Dios y veremos los frutos de ellos. Hermoso testimonio de vida!! Les amamos !

  3. Excelente conocer tu historia mi hermanita porque es un ejemplo a seguir para soñadores. Con esfuerzo e inteligencia se puede salir adelante en los proyectos de vida tener paz en el corazón.

    Mis respetos siempre para ti y gracias por permitirme ser parte del privilegiado grupo de tus amistades. Dios bendiga a toda tu familia.

  4. Preciosa historia de lucha y triunfo ! Cono dice el dicho : “el q es perico dondequiera es verde”” y yo agregaría “ con fe en Dios y con la experiencia de vida en El Salvador estamos prepararadas p ir y enfrentar los diferentes retos en cualquier lugar q emigremos “ felicidades por su hogar , sus proyectos laborales y los múltiples éxitos q vendrán . Abrazos desde New York

  5. Felicidades, siempre desafiante y luchadora con fe , muchas bendiciones a ti y tu familia. Orgulloso que hayamos sido compañeros de trabajo en El Salvador.

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