“Mis hijos son mi motor para emigrar y resistir”

Por: Claudia Zavala

Los viajes de vacaciones a California, a casa de su hermana, formaron parte de momentos especiales en la vida de Rocío Lockhart, durante algunos años. Hasta que, un día, decidió emigrar a Estados Unidos, como única tabla de salvación, para rescatarse a sí misma de una vida que la ahogaba y la hacía profundamente infeliz. “Cada uno de esos viajes era un respiro para mí. Cuando decidí emigrar, era porque había tocado fondo. Tenía un matrimonio que naufragaba, aunque yo llevaba 15 años luchando para que se salvara. Hice todo para mantener unida a mi familia, pero aquello ya estaba roto, desde hacía mucho. Había renunciado a mi trabajo en un banco, pensando en generar un cambio positivo, laboral y económicamente hablando. Invertí el dinero de mi indemnización en un negocio. Después de un año de irnos bien, un vendedor se fue con todo nuestro dinero. Con un hogar frustrado y un fracaso empresarial, que me generó grandes deudas, caí en una profunda depresión. Los únicos que me mantenían en pie eran mis hijos”.

Rocío se casó muy joven, a los 20 años. Y con 21, ya criaba a sus dos hijos gemelos, Álvaro y Gilberto. Cuando sucedió toda esa debacle personal y económica que comenta, estaban por cumplir 18 años, acababan de graduarse del colegio y la principal preocupación de ella era cómo iba a pagarles la universidad y a seguirles ayudando en su manutención. Sumado a eso, la presión de pagar 4 créditos hipotecarios hizo que la decisión fuera rápida y contundente: Viajó a California, el 9 de febrero de 2015, con su visa de turista. Su único capital era el dinero que logró juntar de la venta de ropa, zapatos, carteras y ollas de presión que hizo antes de partir. Eso y sus ganas de salir adelante y dejar atrás tanto dolor: “Me vine con el corazón partido.  Dejaba a mi mamá y a mi otra hermana… a mi tierra. Recuerdo que, cuando el avión despegó, me asomé a la ventana y me quedé mirando fijamente el asfalto de la pista. Me guardé esa imagen para siempre. Fue tan duro ver que se perdía en el horizonte. Me prometí a mí misma, algún día, regresar con honra, como mujer, y reivindicada económicamente. Porque lo perdí todo”.

Rocío cuenta que se mantenía medicada, por su depresión. Sus hijos habían viajado un mes antes a casa de su tía, pero ellos le dijeron que realmente querían volver a El Salvador, para seguir estudiando. Además, el visado de turista se les vencía en breve y, si querían renovarlo y mantener su estatus legal, debían volver cuanto antes al país. Entonces, regresaron, en abril 2015, a San Salvador. “Tuve que respetar su decisión. No podía obligarlos a quedarse conmigo de manera ilegal, porque querían seguir estudiando. El día que viajaron, lloré amargamente en el aeropuerto. Sentí que era como enterrarlos. No sabíamos si les iban a renovar la visa, ya se sabe cómo son estas cosas. Y yo tampoco podría viajar. Sólo pensaba ¿cuándo los voy a volver a ver? ¡¿cuándo?!! Me dolía el corazón, las entrañas. Gritaba como loca… mi hermana trataba de contenerme. Incluso con la medicación, me puse realmente mal”.

Después de ese duro adiós, Rocío entró en una dinámica de vida enfocada sólo a conseguir su objetivo de ahorrar dinero. Licenciada en Administración de Empresas, con un Postgrado en Pedagogía, ejecutiva de banco y catedrática de Economía, comenzó a limpiar casas y oficinas. “Fue un porrazo emocional terrible. Después de estar en un bonito despacho, ser la licenciada, la maestra universitaria, pasé a ser la que limpiaba inodoros y tinas. Una vez, lavando un baño, me chispeé toda la cara y empecé a llorar de rabia, de frustración… Me había esforzado y estudiado tanto toda mi vida y había acabado así. Le pedía a Dios… Señor, ayúdame, dame fortaleza para resistir. Por mis hijos. Por mí”.

Rocío cuenta que su jornada laboral empezaba a las 6:30 am. Paty, de México y Noemí, de El Salvador, la recogían para empezar el periplo de limpieza que incluía unas 6 ó 7 casas en un día. Terminaban a las 9:00 pm y llegaba sólo a dormir para, al día siguiente, repetir la misma rutina. Pese a lo agotador del ritmo de trabajo, ella se siente agradecida por el apoyo que estas dos compañeras de trabajo le dieron en ese momento tan oscuro y triste en su vida: “Me enseñaron a hacer bien mi trabajo, a ser una profesional de la limpieza. Tenía mi alma quebrada, pero ellas me hacían reír, en medio de tanto dolor. Ellas fueron mis ángeles”.

Intentando salir del hoyo emocional en el que estaba, Rocío buscó ayuda en un programa para mujeres latinas, y así tuvo la oportunidad de que le asignaran un psicólogo y un psiquiatra, con quienes pudo compartir su experiencia de separación y migración. Las pautas recibidas en esas terapias la ayudaron a enfocarse mejor y a sentir que en su vida surgían pequeñas espigas de esperanza y cambio. Un día de agosto de 2015, sus hijos la llamaron para darle la noticia de que les habían renovado sus visados, para 5 años más. Y en diciembre de ese mismo año pudo abrazarlos, nuevamente. “Recuerdo ese día que los fui a recoger al aeropuerto. ¡Estaba tan nerviosa! Saltaba, temblaba de la emoción. Reía y lloraba a la vez. Cuando los vi, fue una emoción tan profunda y, a la vez, sentí que algo se había roto, por la distancia, no sé… fue muy duro. Pero estaba feliz y agradecida por tenerlos. Era como un terremoto emocional. Hay lágrimas y dolor, pero luego viene la reconstrucción”.

Disfrutar la temporada navideña en familia hizo que Rocío y sus hijos enfocaran la nueva separación desde otra perspectiva. Fue un adiós también triste el de ese 12 de enero de 2016, pero sabían que se reencontrarían pocos meses después, en junio, para las vacaciones de verano. En ese tiempo transcurrido, Rocío había iniciado ya los trámites de su divorcio y había retirado ya los antidepresivos. Sus hijos, desde su visión madura de jóvenes adultos, le habían dicho que, si tenía otra oportunidad de pareja, que no lo dudara. Que era una mujer joven, con toda una vida por delante.

Ese mismo mes de enero de 2016, una sobrina le escribió un mensaje preguntándole si ya estaba lista para salir con alguien. “Me lo había comentado desde que llegué, en 2014, pero era aún muy precipitado. Me había hablado varias veces de este hombre, cristiano, divorciado, con una hija ya mayor y estadounidense. Esa vez le dije que sí, que le diera mi número. Él me escribió. Yo no le contesté, me hice la ‘socada’, jajaja. Lo tuve así más de una semana, ‘dándome a desear’, como dicen las viejitas, jajaja! creo que eso funcionó”.

Entre risas, Rocío también explica que, junto a sus nervios de conocer a alguien, estaba el hecho de su dificultad con el inglés. Había tomado clases en El Salvador pero, como muchas personas, notó que no le servían de nada para desenvolverse con fluidez y menos con un nativo de la lengua. Pero consiguió ayuda para contestarle y, además, quedaron en que el café se convertiría mejor en cena. “Le dije soy ‘old school’, tienes que venir a recogerme a casa. Vivíamos como a 20 minutos de distancia. Ya con mi hermana y Paty lo habíamos visto bien en Facebook, teníamos la investigación hecha, jajaja!”.

Por fin, ese día de febrero de 2016 llegó. Ed, que así se llamaba el caballero de la cita, acudió a recogerla con un ramo de flores. “Abrí la puerta y me quedé impactada. No sabía qué hacer ni qué decir. Él me vio y dijo ‘¡Wow!’. Le di las flores a mi hermana y salimos. Me abrió la puerta del carro y fuimos a cenar. Él buscaba en google un restaurante salvadoreño, para agradarme, pero al final acordamos ir a uno italiano”.

La velada transcurrió entre nervios, risas, y el teléfono móvil como gran compañero de mesa, pues ella buscaba en “google translator” las traducciones de lo que quería decir y se lo enseñaba en la pantalla. Fue todo tan ameno que les tuvieron que avisar que ya era la hora de cierre del local. Después de esa noche, hubo más cenas, cafés, salidas a caminar… en las conversaciones hablaban, fundamentalmente, de sus hijos y de las experiencias similares que ambos habían vivido en sus respectivos matrimonios.

El visto bueno definitivo se dio con la visita de la madre de Rocío a California. También a ella le llevaba flores y chocolates. “Hija, ¿no será narcotraficante este hombre?, me decía, jajaja! ¡Muchas cosas nos regala!”. A las tres semanas, Ed hizo una cena con su familia para presentarles a Rocío. “Aunque estaba nerviosa por mi limitado inglés, me sentí aceptada, desde el principio. Ed había estado solo, durante 17 años. En todas nuestras salidas, sólo nos dábamos la mano. Decidimos no besarnos, hasta casarnos. Fue algo que lo vivimos con mucha ilusión y respeto, pues ya veníamos de donde veníamos los dos. Quizá la gente no lo entienda. Pero, tratarnos así le dio un significado muy especial a nuestra relación”.

Tal y como lo habían planificado, sus hijos llegaron en junio, para disfrutar unas semanas con ella, en especial la celebración del cumpleaños de Rocío, el 2 de julio. Ella cuenta que Ed es un estupendo cocinero, y organizó una gran velada, para compartir con familiares, amigos y, especialmente, con los hijos de la pareja. “A mí me sorprendió que invitara a tanta gente. Me extrañó. Pero, comimos rico, abrí regalos… al final, me dio un álbum con fotos y detalles nuestros y, de repente, zas! sacó un anillo, se arrodilló  y me preguntó si quería casarme con él. ¡Yo no podía creerlo! Él temblaba, yo también, él lloraba, yo también… Fue algo muy bonito. Mis hijos estaban ahí, también felices”.

Ed y Rocío unieron sus vidas, el 7 de enero de 2017. Sus hijos la entregaron en el altar, donde ella recibió el primer beso del hombre que se convirtió en su marido.

Comenzar la convivencia con su esposo abrió un mundo de contraste que antes ella no había experimentado, por moverse básicamente en un entorno hispano. “Comencé a limpiar casas con unas americanas. No les entendía nada su inglés. Ed, de alguna manera, había ‘simplificado’ su inglés para que yo le entendiera. Pero el mundo real era diferente. Noté incluso cierta discriminación con estas mujeres… Me dejaban lo más difícil para hacer en el trabajo, como que porque era la latina tenía que hacer todo. Tuve que resistir por mis hijos. Tengo el problema del síndrome del túnel carpiano. Lloraba del dolor, porque trabajaba 6 días a la semana, sin parar. Yo decía, qué voy a hacer, si el proceso de residencia es caro y hay que hacerlo. Y debía seguir pagando mis deudas en El Salvador, porque me querían embargar. Menos mal que me surgió una oportunidad como nanny, cuidando a un niño americano, de 9 años. Es una familia muy educada y me tratan bien. Yo le tengo que dar clases de español al niño y estar con él, después de la escuela”.

Rocío asegura que ahora se siente mucho más segura con su nivel de inglés y su conocimiento del entorno estadounidense, aunque sabe que tiene que seguir aprendiendo. Su primer año de matrimonio ha sido una prueba de constantes ajustes culturales con Ed. Reconoce que sí ha percibido racismo y discriminación en su día a día: “La escuela del niño que cuido es privada. Yo saludo, me miran y no me contestan. Veo que nuestros países no existen muchas veces en el mapa mental de la gente americana. Estamos tan lejos de su mundo, de sus referentes, de su mundo sin pobreza, sin guerra. A veces, me siento fuera de lugar totalmente. Ese es un vacío con el que lidiamos todos los que emigramos. Me encantaría trabajar nuevamente como maestra de español, o como traductora en las escuelas para los padres latinos o en los juzgados para los juicios, que es un nivel más alto. Mi meta es que mis hijos saquen la carrera en El Salvador y luego pedirlos a ellos. Ya ellos decidirán si se vienen o se quedan viajando por un tiempo. Con mi esposo queremos viajar a El Salvador, el próximo mes de diciembre. Él ha aprendido a hacer unas pupusas riquísimas, con su salsa y curtido delicioso. Hace también guacamole al estilo salvadoreño. Su alegría y su vida para mí son una bendición. Veo hacia atrás y no entiendo cómo cambió todo en tan poco tiempo. Entré en una tormenta y salí distinta, renovada. Y aquí sigo. Si yo he podido, otras también pueden hacerlo”, finaliza.

 

7 comentarios en ““Mis hijos son mi motor para emigrar y resistir”

  1. Roció , la conozco hace más de 20 años , al leer su historia de inmigración dándole vuelta a una página de un pasado difícil y leyendo sus experiencia laborales q la han vuelto más fuerte , me llena de alegría saber q Dios la ha premiado con un esposo amoroso q la valora y apoya.Dios es fiel y después de la Tormenta viene la calma. Se q sus hijos tomarán la mejor decisión p sus vidas como jóvenes adultos q son y q lo mejor está por venir , nunca mire para atrás sino enfóquese en superarse , aprender y mantener un espíritu alegre , dando siempre lo mejor de ud. Este es un nuevo capítulo en su vida , en un país con muchas oportunidades y todo será de gran bendición . Nunca un paso atrás ni para coger impulso ! un fuerte abrazo y todo mi cariño .

    1. Totalmente de acuerdo, Leticia. Ahora empieza un nuevo capítulo para Rocío, donde cosechará todo lo que ha sembrado, con esfuerzo y determinación. Gracias por siempre leernos y tomarse el tiempo de comentar. Un fuerte abrazo 🙂

  2. Rocio mi gran amiga, nos conocimos en el momento más difícil que estaba pasando en su vida, pero en medio de toda esa tormenta, siempre admiré sus ganas de salir adelante, a pesar de muchas veces no tener fuerzas se esforzaba para dar lo mejor de ella, se que Dios siempre ha estado junto a ella protegiéndolo y dandole fuerzas de una forma sobrenatural para salir adelante, es una mujer bellísima por dentro y por fuera, luchadora, humilde qué No le hace mala cara al trabajo, es una mujer admirable y que hasta el día de hoy Dios y su infinito amor la ha sostenido y le ha recompensado con un esposo fabuloso qué la ama y que la cuida y trata como la Princesa qué es..
    Es una mujer con tantos deseos de aprender y enseñar a otros, una maravillosa Mamá y una Amiga muy especial, que hermoso reportaje adelante Amiga “Vuela como las Águilas” hacia nuevos horizontes nuevos retos en tu vida profesional pero con la ayuda de Dios y tomada de su mano podrás vencer cualquier obstáculo junto con tu Amado esposo Ed y tus gemelos. Tqm

  3. Querida Rocío, es tan grato poder leer su hermosa historia, sé que no fue fácil superar tantas vicisitudes, pero tenemos un Dios grande y no nos prueba más allá de lo que podamos soportar. Me hizo el. Dios por lo que ha hecho en su vida, y sin duda lo seguirá haciendo, porque aún tiene más para sorprenderla.
    Un gran abrazo desde Chile, Dios continúe bendiciendo su vida junto a su esposo y bendiga también a esos maravillosos hijos que tiene.
    Bendiciones.

  4. Rocío, mi querida tocaya, te conocí cuando aún eramos niñas, compartimos en las aulas de Escuela dominical de nuestra iglesia,recuerdo tu largo cabello, tus lindos vestidos y tu sonrisa de siempre, eras una niña muy bonita. Han pasado tantos años y has vivido cosas lindas y otras muy fuertes que hoy puedo leer aquí. Te recuerdo con tu traje del Banco, muy ejecutiva, pero tras ese traje se escondía una tristeza que muchos ignorábamos. También recuerdo que supe de tu imprenta. Amiga hay cosas que intuía al hablar contigo por chat, pero que no quería preguntar, siempre supe que llegaría el día de hablar contigo al respecto. Pero tenemos cosas en común que nos unen , como la pasión por la lectura. Siempre te he admirado por tu sonrisa siempre en todo momento. Cuando me hablas de que la mariposa un día iba a volar, me podía imaginar ese abrir de tus alas y alzar un nuevo vuelo. Y sin decirte nada, te seguía en tus fotos y supe cuando llego el día en que iniciabas un nuevo vuelo. Te quiero mucho Rocío y me alegro al verte tan feliz y ver como en Dios has encontrado un nuevo camino, un nuevo propósito. Y estoy segura de que Dios te ha pasado por todo ése proceso de vida como mujer, porque estás destinada para ser usada para ayudar a muchas mujeres a sanar sus heridas y a salir adelante y eso no podrías hacerlo sin haberlo vivido antes. Mi querida amiga estoy orgullosa de ti.

  5. Estimada Rocío, que linda historia, en buena hora por ti. El esfuerzo y la dedicación siempre tienen un resultado satisfactorio. No dejes de seguir tus sueños, las oportunidades se presentan y la decisión es tuya para lograr el Excito

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