“No quería que mis hijas se sintieran extranjeras en su propia tierra”

Por: Claudia Zavala

Fue en mayo de 1996 cuando la vida de Rina Meléndez dio un intenso cambio. Motivada por desarrollarse en su área laboral, la investigación y evaluación de proyectos, salió de su país, El Salvador, para explorar mundo. Su destino fue Inglaterra. El país no era casual, pues tenía una relación estable con un inglés, a quien había conocido trabajando en su mismo sector laboral. Después de haber estado un año separados, decidieron viajar para optar a otras oportunidades de trabajo, posiblemente en Asia o África.

“Viajé con una visa de prometida, pero en realidad no estábamos planeando casarnos. Nosotros somos bastante liberales. No creemos en bodas. Pero con este tipo de visa me daban 6 meses de permiso legal y en ese plazo pensábamos que era factible encontrar una oportunidad en otro lugar de nuestro interés. No pensábamos quedarnos en Inglaterra”.

Al poco tiempo de haber llegado, ambos recibieron una oferta de trabajo para desarrollar un proyecto de escuela internacional independiente, con estudiantes internos, en Escocia. La experiencia previa de Rina con proyectos de educación popular y cooperativas, en El Salvador, fue un antecedente que pesó. “Era una escuela diferente. Un sistema de educación libertaria: no había castigo, no se les obligaba a ir a clases y se tomaban las decisiones entre todos. La escuela estaba ubicada en una mansión, en medio del campo. La distancia entre una casa y otra era de una hora, conduciendo. Mi trabajo era  dar seguimiento al desarrollo educativo y psicológico de los estudiantes, ser tutora de algunos de ellos los fines de semana y también daba clases de español y de danza. Coordinaba con padres de familia, trabajadores sociales y médicos para hacer el seguimiento requerido”.

El idioma, el clima, la comida… todo sumó para que el impacto con la sociedad británica fuese duro para Rina, pese a considerarse una mujer bastante flexible y adaptable. “Había estudiado algo de inglés en El Salvador y luego al llegar a Inglaterra, en Oxford. No me sirvió casi de nada, porque primero aprendí inglés con acento americano que nada tiene que ver con el británico. Y el que aprendí en Oxford no tiene nada que ver con el de Escocia. Al ser una escuela internacional, todos los estudiantes tenían su propio acento, ¡así que imagínate!  Fue muy difícil al principio para mí. Además, yo practicaba una alimentación vegana desde El Salvador. Y por la falta de variedad de verduras y legumbres en la zona, pues sólo había un mercado los días domingo, tuve que volverme vegetariana e introducir el huevo y la leche en mi dieta, para intentar mantener un equilibrio y no enfermar. El frío en la casona era tremendo. No había calefacción eléctrica. Teníamos que calentarnos con chimenea de leña”.

Rina y su pareja se casaron, en 1998. En pleno desafío de desarrollar el proyecto,  ella y su marido enfrentaron  el terrible dolor de perder a su primera hija. Fueron tiempos difíciles. De adaptación y de grandes pérdidas personales. Al poco tiempo, llegó la noticia de un segundo embarazo y la alegría del nacimiento de su segunda hija. La iniciativa educativa los mantuvo en Escocia, durante 4 años, hasta que finalizó cuando todos los alumnos se graduaron del nivel equivalente a bachillerato. Al finalizar esa etapa, en noviembre de 2000, se trasladaron a Oxford, ciudad donde vivía la familia de su marido. Su segunda hija tenía 2 años e iba embarazada de una tercera. La niña nació en enero de 2001.

“El sureste de Inglaterra es bastante particular. Londres y Oxford son ciudades muy suyas. Se pueden sentir frías, indiferentes. Pero, curiosamente, ese carácter distante a mí me resultaba bien, pues estaba tan metida en mis cosas, en la crianza de mis hijas, que no quería que nadie me dijera nada. La familia de mi esposo es buena gente, pero no eran abuelos cercanos a las niñas. No jugaban, no compartían. Vivíamos cerquita, con un parque al lado, y ellos estaban poco presentes. Sé que aman a mis hijas, pero son distantes. Tuve que adaptarme a criarlas sólo con mi esposo. Fue más o menos dos años después de mi llegada a Oxford que comencé a relacionarme con más gente. Hice voluntariado, actividades sociales en la comunidad… poco a poco, me fui envolviendo en la dinámica social que conformó mi nueva red”.

Rina reconoce que la verdadera herramienta que le permitió superar todos esos años de adaptación en una cultura considerada “fría y distante” fue la resiliencia desarrollada durante su niñez, en El Salvador: “Mi mamá y yo no tuvimos casa, durante los primeros 8 años de mi vida. Aunque no teníamos donde estar, siempre hubo alguien que nos daba posada por ahi. En esa época, ella estaba mal, mentalmente. Sólo tuvo trabajos de corto plazo y nos teníamos que mover constantemente. Esa fue una gran escuela para mí. Muy dura. Con el tiempo, mejoró mucho, se casó con un profesor y nuestra vida cambió. Me crié como una niña promedio, en Santa Tecla. Mi mamá era la ‘oveja negra’ de la familia y perdió el contacto con sus parientes, durante mucho tiempo. Yo aprendí a vivir así. Esa experiencia me ayudó mucho en mi sobrevivencia y determinó para siempre mi capacidad para adaptarme en circunstancias realmente adversas”.

Esa etapa tuvo otra parte muy positiva. Su padrastro tenía una biblioteca. Y una Rina de 15 años despertó su interés por la lectura, especialmente por los libros de filosofía budista. Aprendió a meditar. Y, según cuenta, esa herramienta también la acompañó en sus momentos de profunda dificultad y soledad, a lo largo de todo su proceso migratorio. “La meditación me mantenía en el presente. Como nunca planifiqué  emigrar, no me puse cadenas. Nunca me dije a mí misma ‘he venido a quedarme’, entonces, mental y emocionalmente, tampoco tenía que irme. El budismo me ayudó a encontrar ese equilibrio y disminuir ese nivel de ansiedad y tristeza que te da cuando estás lejos de tu tierra y de tu gente. Me ayudó a resistir y a fluir”.

Interesada siempre en mantener una alimentación sana, cuando sus hijas estaban en primaria, Rina se involucró en la organización de un grupo de padres y madres de la escuela, con el objetivo de comprar alimentos ecológicos a granel. Como ella tenía experiencia en desarrollo comunitario y en organización social, se involucró de lleno y, poco a poco, el grupo fue creciendo hasta replicar el modelo en otras escuelas de la zona.

Era el año 2006 y así surgía la primera etapa de SESI, una iniciativa que  propone la reutilización de envases, para disminuir la huella ecológica del plástico. La labor de Rina, en todos estos años, ha pasado por un importante aprendizaje autodidacta y por capacitar y sensibilizar a las personas  para crear una conciencia ecológica transformadora, que genere un impacto positivo en la sociedad. En 2013, lanzaron una línea de detergentes ecológicos y el próximo año piensan lanzar un jabón en barra para lavar la ropa y para limpieza doméstica, también ecológico. “El reciclaje es muy bueno, pero no es la solución. Es una industria con un alto nivel de desperdicio en sí misma. Genera una alta contaminación de carbono. Para reciclar plástico se necesita mucha agua. La solución pasa por reutilizar más. Un envase de plástico puede ser reutilizado ¡hasta 100 veces! Debemos aprender a disminuir el consumo de tanto plástico en nuestra vida cotidiana, pues tarda en degradarse 500 años, en promedio. Desde nuestra iniciativa, nos asociamos con comerciantes locales, organizaciones benéficas y una pequeña ONG que construye nuestros dispensadores de recarga o rellenado”.

En esta “revolución del refill” en Oxford, Rina está al frente como manager y su marido se encarga de las finanzas, aunque él también tiene un trabajo a tiempo completo fuera de SESI. Hay 8 personas que trabajan de manera directa, más los socios que, a su vez, venden los productos, los cuales han empezado a distribuirse en tiendas del sur de Inglaterra.

Después de 22 años en una tierra a la que nunca planificó emigrar, la integración de Rina es también una suerte de activismo, de pleno compromiso ciudadano con su entorno. Esas personas “frías y distantes”  se han convertido en su comunidad, en su grupo de gente con el que comparte conocimiento y aprendizaje continuo. Y con el que confía estar creando un impacto positivo que también puede educar y beneficiar a otras generaciones y culturas.

“La educación de mis hijas ha estado basada en todos esos valores desde los que mi esposo y yo hemos construido nuestra vida. Decidimos tomar lo mejor de la cultura salvadoreña y de la inglesa. No ha sido un camino fácil, pero ahora las veo y ellas incluso agradecen el saber alimentarse sanamente. Eso también es cultura.  La mayor es entre vegetariana y vegana y la menor es vegetariana. No les he impuesto nada. Ellas también han sabido decidir. Ahora mi suegra vive con nosotros, pero tiene su propio espacio. Poco a poco, hemos mejorado la relación. Ha sido todo un proceso de humildad para ambas partes. Mis hijas fueron mi motor en tiempos duros. Me ayudaron a salir de mi aislamiento. Por ellas, entendí que debía construir una comunidad en mi nuevo país, para que no se sintieran extranjeras en su propia tierra”, finaliza.

13 comentarios en ““No quería que mis hijas se sintieran extranjeras en su propia tierra”

  1. Gracias Claudia por compartirnos tan maravillosa historia.
    Rina te admiro inctriblemente. Eres una guerrera nata. Éxitos en todo lo que hagas!

      1. Pues que te dire? Me llena muchísimo su solidaridad y cariño, bellas compatriotas. Se que cada una de ustedes han pasado por lo suyo y que sus vidas son un libro esperando ser leído. Gracias Claudia por este espacio! Espero con anhelo a leer los relatos de otras aquí; cada una es una inspiración que nos anima a seguir, a saber que no estamos solas! Besos

        1. Sí, Rina, retroalimentarnos, desde nuestras particulares experiencias, es algo muy importante. Cada vez más valoro más el respeto a la diversidad. Cada una es como es y ha vivido lo que ha vivido; pero en este proceso migratorio convergen muchas líneas en común que nos hacen enlazarnos como personas, al margen de nuestras diferencias. Gracias, nuevamente, por tu generosidad 🙂

    1. Hola Maybeline. Muchas gracias por tus palabras. Cada una de nosotras es una luchadora de gran calibre. Cada día me hace recordar que el éxito es estar tranquilas con nosotras mismas y sentirnos valoradas. Muchos éxitos para ti!

  2. Maravillosa historia de superación y realización personal en sus ideales y sus metas!! Dios bendiga su labor Rina!! Abrazos

    1. Importantísima labor, verdad Leticia? Me encanta cómo Rina ha logrado tejer su red, su comunidad, para integrarse social y culturalmente, pero también generando un impacto positivo en su entorno. Un abrazo, hasta Nueva York!

    2. Gracias Leticia. La vida en si es una constante superación desde que nacemos, cierto? Cada día tiene metas distintas. Brindemos por la sabiduría para superar lo que nos venga! Abrazo

  3. Rina! Que lindo leer sobre usted . Fue un placer visitarles en Oxford y conocer a tan linda familia! Realmente admirable su entereza y lucha en estos países están diferentes al nuestro. Un abrazo Rina y Saludos a los suyos.

    1. Hola Estela. Usted y su familia son muy bienvenidos! La vida siempre nos pone pruebas, ya sea en nuestro país o fuera, pero en verdad nuestra capacidad elástica de adaptación si que se pone en acción cuando emigramos! Un abrazo de esta mujer conectada (y no atada) con sus viejas y nuevas raices 🙂

  4. Hola Ana. Pues como pasa con tod@s, hay días que son buenos y días que no, pero le doy gracias a la vida por darme la energía necesaria para sobreponerme a las dificultades y la capacidad de disfrutar de las cosas sencillas y del amor de mi familia aquí! En la ciudad donde vivo hoy día hay mucha variedad de alimentos, y así puedo cocinar platillos Anglo-Salvadorenos, muchos me los he ido inventando.También he aprendido a cocinar otros platillos internacionales. En lugar del ingrediente animal, cocino con tofu, tempe, semillas y nueces. En casa se come mucha verdura y fruta. Los frijolitos aquí no faltan! Donde vive Ana? Y que platillos vega recomienda? Saludos cordiales

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