“Nueva Zelanda es un país distinto, pero acogedor”

Por: Claudia Zavala

Ni 14 años de experiencia como sobrecargo de vuelo prepararon a la salvadoreña Vanesa Martínez de Seaman para las vivencias que, hace casi dos meses, ha empezado a vivir, en Nueva Zelanda. La distancia aérea desde el centro geográfico de El Salvador hacia el centro neozelandés es de casi 12 mil kilómetros. Hay, además, 18 horas de diferencia entre ambos países. El impacto de las diferencias culturales, sociales y climáticas en su primera etapa en ese país es algo que recalca desde el inicio de la conversación. “Todo es muy distinto. Este tiempo de adaptación ha sido durísimo para mí. Desde el viaje, larguísimo y cansado, 12 horas desde Los Ángeles, Estados Unidos, con dos niños que atender. Menos mal que mis tíos pudieron viajar conmigo para ayudarme”, relata.

¿Y por qué Nueva Zelanda? La excelencia académica de Jorge, su marido, fue la que les abrió la puerta a ese destino. Graduado en Economía, él realizó su Maestría, en 2012, en Auckland, la ciudad más poblada y  capital económica del país, situada en la Isla Norte. Luego de titularse con excelentes notas, en 2015, para su sorpresa, recibió una carta de la universidad notificándole que le otorgaban una beca para continuar con sus estudios de Doctorado. “En ese momento, nosotros estábamos en un hospital, en Houston, porque mi cuñada estaba gravemente enferma. Habíamos viajado desde El Salvador para estar con ella hasta el último momento y no pensábamos en nada más que en su situación. Mi esposo escribió a la universidad, explicando su situación familiar, y le dijeron que lo esperarían, hasta que pudiera resolverlo todo. Mi cuñada falleció, lamentablemente. Un mes después, me quedé embarazada. Eso vino a revolucionar los planes”, explica.

Para entonces, Vanesa ya era madre de Jorgito, un bebé de tan sólo 8 meses, cuyo embarazo y parto fueron realmente molestos y riesgosos para ella. “Vomitaba hasta 12 veces al día, durante los 9 meses de embarazo. El parto fue terrible también. Por eso cuando supe del segundo, tenía hasta miedo de decírselo a mi marido. Un viaje tan repentino y lejano no estaba en mis planes, pero entendí que era una gran oportunidad para mi esposo, para toda la familia y comencé a mentalizarme”.

Decididos a apoyar el proyecto académico de Jorge, vendieron todo, en octubre 2015. La idea era que él viajara primero y luego se unieran Vanesa y su hijo. Sin embargo, una repentina operación de peritonitis forzó la hospitalización de su marido. La cicatrización de la herida se le complicó y fue necesario un mes completo de recuperación.

Cambio de vida

En diciembre de ese mismo año, tuvieron que reiniciar los trámites de visado para el viaje, pues los permisos anteriores habían caducado. Viajaron a Los Ángeles para ver si de ahí partían directamente a Nueva Zelanda. “Aproveché para hacerme una revisión ginecológica, para ver cómo iba todo. Estaba previsto que mi hija naciera, en marzo de 2016. Un médico me dijo que, tal y como veía a la bebé, no podría viajar, que iban a tener que hacerme una cesárea. Me regresé a El Salvador, a finales de enero de 2016, para parir allí, porque no quería estar sola. Jorge, repentinamente, se volvió a enfermar y tuvieron que volver a operarlo. Todo era tan caótico y estresante para mí: Mi marido recién operado, convaleciendo otras tres semanas, yo a punto de parir en El Salvador, cuidando a un bebé de un año, un trámite de visado en vilo… me llegaron los pasaportes autorizados el 22 de febrero, ¡diciéndome que la última fecha para viajar era el 1 de marzo! ¡Otra vez volvíamos a perder la fecha de viaje! A mi esposo se le complicó la operación y lo tuvieron que operar ¡otra vez! Me empezaron los dolores de parto, me revisaron y me dijeron que la niña tenía tres vueltas de cordón y yo tenía la placenta calcificada. Estaba de 37 semanas. Isabella nació el 26 de febrero. Mi esposo la conoció a ella un mes después, cuando regresó a El Salvador, luego de sus operaciones”.

Después de semejante periplo hospitalario, fue el momento de iniciar, nuevamente, el papeleo de las visas. Inexplicablemente, Jorge, otra vez, recayó. “Viajamos, nuevamente, a Estados Unidos, para que lo operaran. Pasamos la Navidad de 2016, en un hotel, centrados en su recuperación. Y, por fin, regresamos en febrero de 2017 a El Salvador para ya cerrar esa etapa. Finalmente, Jorge pudo viajar a Nueva Zelanda, en abril de ese año. Nosotros nos unimos a él el 10 de junio recién pasado”, explica.

Después de tantas dificultades superadas, el reencuentro familiar en Nueva Zelanda fue intenso. Llegaron a instalarse a Chirstchurch, en la región de Canterbury. “Mi hijo estaba feliz de ver a su papá. Como le encanta ‘Thomas, el tren’, mi esposo le había decorado su cuarto con esos motivos, para ayudarle a ambientarse y sentirse en casa. Iniciar la rutina diaria en nuestro nuevo hogar fue un golpe duro para mí. Jorge se va a trabajar todo el día, y yo me quedo sola en casa con los niños. En mi país tenía ayuda, una niñera, mis papás, aquí tengo que resolverlo todo yo. A los pocos días de llegar, quizá por el exceso de estrés acumulado, me dio una crisis bien fea. Me sentía desbordada, nerviosa, me tiré al suelo a llorar, como bebé. Le pedí a Dios que me diera fortaleza y me ayudara a salir de ese bajón tan horrible. Poco a poco, me voy adaptando y me siento más segura con todo”.

Acostumbrada a estar volando durante todo el día, por su trabajo como sobrecargo en una aerolínea, a ser independiente económicamente y a tener ayuda para las labores domésticas, Vanesa ha tenido que configurar su nueva dinámica de vida, en un entorno totalmente distinto al suyo. “De momento, no tenemos vehículo. Voy a todas partes en bus. Hace un frío espantoso y tengo que resolver con el montón de bolsas y el cochecito de doble plaza de los niños. La primera vez que fui al supermercado, me quedé alucinada: Un aguacate vale 7.99 dólares neozelandeses. Los ejotes valen 18 dólares el kilo. ¡Y allá en El Salvador uno ni caso les hace! Hoy valoro mucho nuestras verduras. Sólo los kiwis son bien baratos, el kilo vale como un dólar. A puro kiwi vamos a estar”, dice entre risas.

¿Otro idioma?

La acogida que les han dado al llegar es uno de los aspectos que Vanesa destaca, en positivo. “Son muy amables y educados. Cuando llegamos, la dueña de la casa donde vivimos nos dejó una canasta de bienvenida, llena de juguetes, cuentos, chocolates, servilletas y una tarjeta, deseándonos una buena estadía. De la compañía de Jorge nos dieron muchos juguetes y bolsas de ropa de los hijos de sus compañeros. Ese gesto me pareció muy bonito y no cualquiera lo hace”, señala.

A pesar de dominar el idioma inglés, por su trabajo, Vanesa comenta que el acento neozelandés es complicado de entender pues, además, mezclan algunas palabras en maorí, el segundo idioma oficial. “Es un acento bien fuerte, como escocés. Los primeros días no entendía casi nada. Era como si fuese otro idioma. Me preocupé. Ahora siempre pongo la tele y la radio y voy abriendo el oído, familiarizándome, poco a poco, y comprendiendo mejor”.

También la ha sorprendido la famosa “haka”, la danza de guerra maorí que se usaba tradicionalmente en el campo de batalla y cuando los grupos se reunían en paz. Es una demostración de orgullo, fuerza y unidad de una tribu. Algunas de las acciones de la “haka” son dar golpes violentos con los pies, sacar la lengua de manera protuberante y dar palmadas rítmicas en el cuerpo, para acompañar un canto fuerte. A nivel mundial, son famosas las demostraciones de los “All Blacks”, el equipo de rugby del país, que utilizan para intimidar al equipo rival. “Tuve la oportunidad de verlos en Auckland y, junto con los paisajes preciosos que hay, son de las imágenes más impresionantes de esta cultura”.

La costumbre de algunos neozelandeses de ir por la calle descalzos es algo que también la impresionó. “Van vestidos con shorts o jeans, camisa normal, pero descalzos, aunque esté haciendo frío. Van así en la ciudad, en los centros comerciales, y llama bastante la atención a los que no somos de aquí”.

Poco a poco, también se van acostumbrando al clima. En Nueva Zelanda, es verano en noviembre, diciembre y enero. Y el invierno llega en junio, julio y agosto, alcanzando temperaturas bajo cero. “Tenía 8 años de no nevar y esta semana nevó. Hemos estado a menos cuatro grados centígrados. Me extraña que las casas son bien frías, como de tabla roca, todo se oye y no parecen tan resistentes”.

Decidida a continuar con su desarrollo laboral y profesional, Vanesa ha comenzado a enviar currículums a diversas aerolíneas del país. “Tengo 14 años de experiencia en aviación. Mis licencias están vigentes. Yo trabajo desde los 18 años, no estoy acostumbrada a estar en casa. Está siendo duro para mí no salir a la calle y generar ingresos. Mi prioridad son mis hijos, pero pronto Jorgito comenzará a ir al kínder y, si encuentro trabajo, buscaré una guardería para Isabella. También tengo la carrera de Psicología, me especialicé en Gestión del Talento Humano y Desarrollo de Competencias, así que eso me puede abrir puertas en otras áreas de las aerolíneas”, comenta.

El proyecto migratorio de la familia en Nueva Zelanda tiene una duración inicial de cuatro años, que es lo que dura el Doctorado en Negocio Internacional de Jorge. Con el estatus legal que tienen actualmente, Vanesa comenta que tienen derecho a todos los servicios gubernamentales. Cuando la formación universitaria finalice, podrán aplicar a la residencia permanente. “Lo hemos pensando y, aunque sea duro, no queremos volver a El Salvador. Está muy inseguro y violento. Aquí, los niños de 8 añitos van solos en bus a la escuela. Las casas no tienen defensas en las ventanas. Es un lugar muy seguro. Mi esposo me dice que pensemos en nuestros hijos, que merecemos vivir con tranquilidad y darles otra calidad de vida. Tal vez nos movamos a Canadá. A pesar de todo lo que hemos vivido para llegar hasta donde estamos, creo que somos afortunados de poder tener estas oportunidades. Yo me acoplaré y sé que llegaré a estar mejor, en todos los sentidos. Estoy segura de que, como familia, vamos a aprovechar esta gran oportunidad, que es realmente un privilegio”, finaliza.

12 comentarios en ““Nueva Zelanda es un país distinto, pero acogedor”

  1. Querida Vanesa , se q es difícil comenzar de cero y en un país y cultura diferente . Pero Dios no nos pone pruebas q no seamos capaces de superar. La oportunidad de desarrollo de su esposo , suya y de sus hijos es maravillosa. Se q al pasar del tiempo y viendo hacia atrás se reirá y disfrutará de sus logros . Siga adelante, Ud es una mujer inteligente, conmigo Ud tiene una amiga a quien escribir o con quién contar . Abrazos en la distancia .
    Leticia jovel

      1. Gracias!!! Por apoyar una nueva familia, que valientemente están buscando nuevos derroteros en otro país bello, pero con hábitos y costumbres diferentes.

  2. Vanessa, decidí leer su historia al lado de mi esposo, ya que me conmovió debido a que yo la conocí cuando usted estaba muy pequeña, y sé de los cuidados y cariño que siempre le ha proporcionado su familia. Siga adelante y disfrute la mejor etapa de sus hijitos. La familia necesita amor, compañía, apoyo y felicidad. Dios le bendiga hoy y siempre.

  3. hola sobrina me gusto mucho tu entrevista,realmente en la vida como dice el dicho cada dia trae su afán ,pero tu eres una persona que podra salir adelante con la ayuda de Dios todo saldra bien tus niños creceran en un pais que les ofrece muchas bondades son paises con cultura superior a la nuestra y podras vivir tranquila y sin preciones lo unico es la distancia pero ya veras que te acostumbraras y te sentirás en paz pues ese ambiente te ayudara mucho pero aqui en este paisito siempre tendrás un.pedacito de cielo te recordamos con cariño y siempre tu familia te estara esperando, al rato llegamos a verte??

  4. No te conosco pero leí tu historia me encanto saber cosas y cultura de otro País y aunke se que es difícil para ti y tu familia pero pienso que ahí se vive con más tranquilidad que en nuestro País.. ánimos y sigue adelante

  5. Animo! Vanessa, lo mejor esta por venir!!! Mejor futuro les espera! Paciencia y animo! Un abrazo! No te conozco pero si conoci a tu abuelita Tey y a tu papa, soy de Metapan. Un abrazo! Todos los cambios y comienzos no son faciles pero con Dios por delante, todo se logra.

  6. Hola!!! Creo que ya han pasado varios años desde que escribió su experiencia, Me gustaría saber como ha sido su vida en todo este tiempo?, la adaptación?, el diario vivir?, saber de su experiencia sería interesante.

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