“Tengo que seguir creciendo, esté donde esté”

Mónica tiene carisma. Es imposible no empatizar con ella, mientras relata con sumo detalle y generosidad las distintas experiencias que la han marcado, a lo largo de su vida. Su proceso migratorio es, sin duda, una de las más determinantes: “Llegué a Francia el 1 diciembre de 2014, en pleno invierno. Mi esposo y yo vivíamos en El Salvador, pero decidimos instalarnos en su país, para que él se desarrollara mejor profesionalmente y para que nuestra hija, de cinco años, se criara también con la cultura e idioma de su familia paterna”, explica.

Comunicadora y vendedora nata, transmite emociones intensas al hablar. “Me gustan los negocios. Me rebusco para hacer cosas. Soy emprendedora por naturaleza y también por aprendizaje. La tenacidad y fortaleza de mi abuela consolidaron mi modelo de mujer y de cómo enfocar la vida. Mis padres murieron cuando yo era pequeña, durante el conflicto armado en mi país. Ella nos crió a mi hermana y a mí, pese a las adversidades sociales y económicas que tuvo que enfrentar. ¡Es una super star! Tuvimos una infancia bonita, pese a todo. No nos dimos cuenta de las carencias, porque ella se encargó de darnos lo mejor. Ahora tiene 85 años y yo con ella tengo la deuda de amor y gratitud más grande que pueda existir”.

Ese ejemplo de tenacidad heredado en casa fue el que llevó a Mónica, con tan sólo 19 años, a encabezar en su país natal una conocida campaña para recaudar fondos para un tratamiento médico que necesitaba su hermana. “Ella estaba en coma en un hospital público, tenía 18 años, y necesitaba un tratamiento que sólo existía en Alemania. Me dijeron que, en esa época, costaba un millón de colones, unos 125 mil dólares actuales. Yo dije: ‘Somos 6 millones y pico de salvadoreños. Con un colón que me dé cada uno, suficiente. Y me lancé a la calle, convencida de que lo conseguiría!”, recuerda.

Mónica realizó toda una serie de acciones dignas de una estrategia comunicativa a gran escala. Su facilidad para hablar en público y su experiencia en una radio infantil la dotaron de la seguridad necesaria para concertar reuniones a todos los niveles: “Visité radios, programas de televisión, hablé con gente muy importante, empresarios, políticos, comunicadores influyentes, monjas de mi colegio, alumnas y exalumnas, organizamos una caminata… les explicaba la situación crítica de mi hermana, les hablaba con el corazón, desde mi desesperación económica y emocional, y creo que la gente se sensibilizaba al ver a una muchachita que estaba sola, buscando como fuese ese dinero que no tenía. Recuerdo que me subía a los taxis para llegar a los lugares, sin tener dinero, pero les contaba mi historia en el camino y ellos no me cobraban el viaje, para ayudarme de esa manera”.

El francés que lo cambió todo

La impotencia por no tener dinero y las limitaciones que eso implica, según reconoce, marcaría sus decisiones personales y laborales de futuro. “Cumplir los objetivos de la campaña y ver la recuperación de mi hermana me dio mucha certeza de lo que era capaz de conseguir. Es algo que se me quedó grabado y que revivo cada vez que estoy en un momento crítico o de duda personal. En ese momento, eso me ayudó a que mucha gente me conociera. Me propusieron trabajar en televisión y en algunas radios comerciales. Luego me incorporé a los departamentos de Mercadeo y Ventas, porque veía que ahí era donde se ganaba más. Aprendí todo lo que pude del negocio de publicidad y así pude desarrollarme también en ese ámbito”, apunta.

En esa época de su trabajo en medios de comunicación, Mónica había participado en un concurso en el que reconocidas presentadoras de radio y televisión intentaban bajar de peso. “Yo me lo tomé con filosofía, me esforcé y gané”, dice entre risas.

La noche en que salió con sus amigas para celebrar su triunfo le deparó un encuentro que cambiaría su destino. “Estábamos en la celebración cuando, de repente, llega una amiga a presentarme a un hombre alto, rubio, de ojos azules, ‘un turista gringo’ –pensé- Me dijo que se llamaba Nicolás. Yo no hablo inglés y su español era bien pobre. Le noté un acento súper raro, ahí me di cuenta de que era francés. Se puso a bailar con una de mis amigas, bueno, a hacer el intento de bailar. Cuando ya nos teníamos que ir, me dijo que me dejaría su correo electrónico, para que yo le escribiera. Me sentí indignada con sus palabras. ¡Que le escribiera yo! En ese momento tenía mi autoestima por las nubes, porque nunca he estado más delgada y hermosa en la vida, jajaja! Le dije que en El Salvador las cosas eran distintas y que, si quería contactar a una muchacha, tenía que ser él quien le escribiera, quien la buscara. Esa misma noche recibí un correo, invitándome a cenar: ‘Quiero volver a navegar en tus ojos’ –escribió- ¡Eso me mató! Desde el principio fue detallista, súper romántico y decidido a luchar por mí”.

Tan decidido estaba, que lo que iba a ser una cortísima visita de un par de días en El Salvador, en medio de su largo viaje por Latinoamérica, se convirtió en una estadía de tres meses, para quedarse a conocer más a Mónica y a su familia. La relación de pareja se consolidó, en todos los sentidos. Ambos compartían el interés por los negocios y el amor por las ventas. A los 30 años, Mónica decidió lanzarse y fundó la revista “Proyéctate”, dirigida a la mujer profesional y emprendedora. “Mi esposo me asesoró empresarialmente para crecer. Abrimos una oficina, contraté asistente y una periodista para los contenidos. Juntos abrimos un restaurante también”. Pese a que los proyectos en común crecían, la necesidad de su esposo de desarrollarse en su área de trabajo, la energía nuclear, junto al nacimiento, en 2012, de su hija Celeste, hizo que se plantearan instalarse en Francia. “Para nosotros es muy importante que ella conozca su cultura paterna”, destaca.

Según recuerda, Francia la recibió con amor y calidez. “Vivimos con mis suegros, durante los primeros 6 meses. Yo no hablaba francés y ellos no hablan español. Al principio todo era por señas. En la mesa no les entendía nada. Esa etapa para mí fue muy frustrante. Fue una clase intensiva de cómo es la vida de una mujer en este país. Me convertí en la mini asistente de mi suegra, Genevieve. Yo la observaba y veía cómo era ella en su casa, en la cocina, con su familia… para limpiar se tiraba al suelo y todo. Y yo decía: ‘¡ay, Dios mío, así me va a tocar a mí!’. Yo le digo a ella que es mi mamá y mi amiga. Cualquier duda que tengo, se la pregunto. Sé que quiere lo mejor para su hijo y para su familia”.

Ser extrovertida es algo que le ha ayudado para aprender el francés y no tener miedo a practicarlo, aún cometiendo errores. “Un año antes de mudarnos, tomé tres meses de clases de francés en El Salvador y no me sirvieron de nada. La verdadera escuela fue en casa de mis suegros. Ahora tienen cuidado al hablar, porque ya les entiendo casi todo, jajaja! Si llego a un lugar a comprar, a negociar o a preguntar cualquier cosa y no entienden mi francés, no me importa, yo me lanzo. Les hago caras, muevo las manos, hago señas, en fin… hasta que me entienden. Este idioma a veces se me hace complicado y a veces muy fácil. Al llegar aquí tomé las clases gratuitas que te da el Estado. Aunque sólo pude ir tres meses, me dieron una buena base. Lo complementé con clases diarias, frente a la computadora, durante un año, en la plataforma Duolingo. Ahora todo con lo que tengo contacto, computadora, radio, televisión, música, todo es en francés. Mi hija es bilingüe. En casa, los tres hablamos en español. Entre ellos dos, en francés. Mi niña es mi mejor maestra para mejorar mi idioma”, dice.

Viviendo en Valensole, al sur de Francia, internacionalmente conocida por sus hermosas plantaciones de lavanda, Mónica ha reactivado su impulso emprendedor y ya está desarrollando una marca llamada “La Vie Productos Franceses” (https://www.facebook.com/lavieproductosfranceses/) con los productos de la zona. “Busco productos para comprar al por mayor y tener un margen de ganancia en la venta. Yo he hecho el logo de la empresa y las fotos. Es una prueba, para ver si el mercado salvadoreño puede pagar por productos franceses. Estoy trabajando por pedidos. El envío se tarda de 3 a 4 semanas hasta El Salvador. Una amiga los distribuye en el país y la persona paga contra entrega. Más adelante desarrollaré la tienda online, todavía está en proceso. Es un reto bonito y ha significado para mí armar un negocio desde cero, en un idioma y cultura distintas a la mía”.

Otra de las pasiones y mayores retos de Mónica es correr. “Esa disciplina me ha dado mucha seguridad en lo que soy capaz de hacer. No hay que rendirse, cada día se avanza un poco, como en la vida misma. El año pasado corrí mi primera semi maratón completa, de 21 kilómetros. Fue un gran triunfo para mí cumplir esa meta con mucho esfuerzo”.

Junto a la crianza de su hija, el reciente relanzamiento de su revista “Proyéctate Latina” (http://revistaproyectate.com/ ) es otro de los proyectos que la mantienen ocupada: “Espero ir a El Salvador próximamente y hacer el lanzamiento con clientes y colaboradores, para darle más fuerza y difusión. Intento dedicar un día a cada proyecto, para gestionar mejor mi tiempo. La mente se te hace un desmadre, si se mezcla todo. Internet es una gran ventaja hoy en día. Aunque vivamos en países distintos, estamos  a la distancia de un click y eso es una gran oportunidad para hacer negocios”.

Reconoce que, para ella, vivir en Francia no es vivir en el paraíso, pero le agrada la manera simple en que vive la mayoría de la gente. “Las mujeres no se centran tanto en la apariencia, van con poco maquillaje, ropa sencilla. Yo en mi país estaba en un corre-corre todo el tiempo. Aquí es distinto. Mi hija ve un hormiguero debajo de un árbol y le enseñamos a que ahí hay vida y lo tiene que respetar. Es otra dinámica totalmente distinta”.

El tema del racismo y xenofobia no ha sido algo que Mónica haya experimentado de manera directa: “Con los latinos no siento que hayan muchos prejuicios. Lo difícil es el tema del trabajo, definitivamente. No ser nativo francés te pone en un nivel de entrada bien bajo. Y yo ya no tengo 25 años para conformarme con cualquier cosa. Pero, a la vez, es una lección de humildad. Tengo que seguir aprendiendo, para seguir creciendo profesionalmente”.

Asegura que la crianza de su hija, viviendo lejos de su familia, se le hace complicada muchas veces. “Eso también me obliga a abrirme a la gente y a no permanecer encerrada. Despegarme de mi familia ha sido muy duro. No hay día en que no piense en mi abuela y en mi hermana. Las llevo en mi mente y corazón permanentemente. Pero a la vez sé que debo seguir creciendo, esté donde esté, para darle un buen futuro a mi hija, para seguirnos desarrollando como familia y porque yo me lo merezco. Ya vencí a la adversidad una vez. Y sé que aquí también podré hacerlo”.

2 comentarios en ““Tengo que seguir creciendo, esté donde esté”

  1. Muy bonita historia Mónica siempre recuerdo a mi tía como lucho por ustedes cuando yo viví con ella en la casa no sé si te acuerdas de mí soy Alex el hijo de tu tía delmy y hermano de urania saludes y sigue adelante que dios bendiga tu hogar

    1. Primo, gracias!!! Mi mami ha sido siempre mi ejemplo, trataré que siempre se sienta orgullosa de mi, tanto esfuerzo no puede caer en saco roto. Primo no me acuerdo bien de todos loa detalles de la infancia pero si de nuestro amor de familia mis mejores deseos para ti y tu hogar.

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