“Soy salvadoreña y doy clases de inglés, en China”

Por: Claudia Zavala

“Un día estaba trabajando en un call center en El Salvador y al poco tiempo estaba trabajando  como profesora de inglés, en China”. Así resume Bessie Aldana su llegada al contiene asiático, cómo apareció la oportunidad en su vida y cómo tomó la decisión de emigrar. Todo sucedió en pocos meses. Decidirse fue un acto de fe. Casi un salto al vacío.

“Conocí a mi esposo en el call center donde trabajaba. Yo ya tenía un hijo de 6 años de mi relación anterior. Nos fuimos a vivir juntos, durante un año. Un amigo le planteó la oportunidad de ser profesor de inglés, en China. Me lo comentó y comenzamos a considerarlo, para mejorar nuestras condiciones de vida. A los días, el amigo le dijo que necesitaban más gente para trabajar. Él súper emocionado me dijo ‘¡tenemos que aplicar!’. Armamos el viaje en cuestión de un mes. Pero en eso me di cuenta de que estaba embarazada y él me dijo que mejor esperara a que él viajara primero, para ver cómo estaba todo y luego mi hijo y yo nos uniéramos”.

Según Bessie, en China, la demanda de maestros de inglés es bastante alta y existen empresas que se dedican a reclutar personal bilingüe, para que viajen a su país, para prestar los servicios de enseñanza. Esta empresa se encarga de arreglar todo y proporcionar los documentos necesarios para el viaje y los contratos laborales. Al no existir Embajada de China en El Salvador, los trámites los hicieron en Costa Rica, donde recibieron el visado necesario en poco más de un mes.

“Vendimos todo lo que teníamos en casa. Me fui con mi mamá, mientras esperaba el momento de viajar. Mi esposo partió a principios de noviembre de 2013. Yo seguí trabajando en el call center. Él se ubicó en el trabajo y en una casa. Y el 30 de diciembre de ese mismo año viajé yo. Fue bastante difícil para mí, porque me vine sola y embarazada. Tuve que dejar a mi hijo en El Salvador con su papá, esperándome. Yo quería conocer primero las condiciones del país antes de mover a mi hijo y exponerlo a tantos cambios. La despedida fue durísima para los dos”.

El chino y el huevo duro

Al no tener visa estadounidense, tuvo que hacer varias escalas hasta su destino: San Salvador-Bogotá- Madrid- Qatar-Beijing. “Ese 31 de diciembre lo pasé sola en un hotel de España. Llegué a China, el 2 de enero de 2014, a empezar una nueva vida”.

Bessie relata que el primer schok cultural lo tuvo en el avión. En los primeros tramos del viaje coincidió con mucha gente occidental, pero en la última escala Qatar-Beijing la mayoría de personas eran chinas. “Todos hablaban chino y yo no entendía absolutamente nada. Recuerdo que traía a un chino al lado, con el que hablábamos por señas, porque él tampoco sabía inglés. Me decía que viera la nieve por la ventana. De repente, sacó un huevo duro y me lo ofreció para que me lo comiera. Yo venía con miedo, con nuestra mentalidad salvadoreña de que algo me quería hacer con el huevo, que me quería dormir o hacer algo raro, jajaja! Le dije ‘gracias’, juntando las manos en el pecho, pero no me lo comí”, cuenta entre risas.

Llegué a Beijing, en pleno invierno. Hacía mucho frío. Salí del aeropuerto, al ver tanto chino y todos los letreros en ese idioma, pensé: “¡Hoy sí ya estoy en China!”. Fue una gran alegría ver a mi esposo, cuando me fue a recoger. Abordamos un taxi. Él me dijo que me fijara en el tacómetro, porque tienen fama de manipularlo, para modificar las distancias y cobrar más. En el camino, me llamaron la atención los edificios altísimos. Aquí no hay casas, sólo edificios de 6 pisos, sin ascensor, otros de 15, 27 ó 30 pisos”.

La primera vivienda del matrimonio era un apartamento de 2 habitaciones y un baño pequeño, por el que pagaban unos 500 dólares mensuales. Bessie explica que el sistema de alquiler chino exige pagar un mes de depósito, más tres meses de renta de una vez. Y luego se hacen los pagos trimestralmente.

Bessie reconoce que los primeros meses de su estancia, entre el cuidado de su embarazo y el desconocimiento de la cultura y el idioma, prácticamente sólo salía de casa para hacer compras o ir al médico. Las consultas de control de embarazo fueron toda una odisea para ella. Con la orientación de algunos amigos, encontraron un hospital privado en el que “sólo” cobraban 25 mil renminbi o RMB (unos 5 mil dólares, por parto natural). Siguieron buscando e hicieron contacto con una doctora china que hablaba inglés y que trabajaba en un hospital público. “Afortunadamente, me aceptaron en el hospital y, como fue natural, sólo pagamos 200 dólares por el parto. Aquí es como en El Salvador, que en lo privado te hacen muchos exámenes y te dejan hasta 3 días ingresada, después de parir. En el público, te dan de alta rápido. Los cuartos suelen ser compartidos, aunque yo tuve la suerte de tener una habitación para mí sola. Las ultrasonografías son chistosas. Te las imprimen en una página de papel bond y ya. Sólo si hay algún problema, la doctora habla contigo, si no, no dicen nada. Mi hijo nació en junio de 2014. Me dieron el alta el siguiente día de dar a luz”.

Desarraigo familiar

La incorporación al trabajo llegó sólo tres meses después. Así, en septiembre de 2014, comenzó a impartir sus clases de inglés. Dos aspectos afortunados se juntaron para que su incursión laboral fuese menos drástica: Encontró una buena niñera para su bebé y la escuela donde trabajaba quedaba a escasos metros de su casa. Con más ingresos familiares, lograron ahorrar para, por fin, reunir al hijo mayor de Bessie, que la esperaba en El Salvador. “Viajé a finales de enero de 2015, un año después de habernos separado. Mi ex esposo fue muy generoso, porque me facilitó todas las firmas y papeleos, para sacarlo del país sin problemas. No tuve trabas. Me dijo ‘quiero lo mejor para mi hijo, lo voy a dejar ir, aunque eso signifique separarme de lo que más quiero’. La despedida en el aeropuerto fue durísima, muy triste… Yo sentía que le estaba arrancando algo a mi ex esposo. Mi hijo, aunque estaba emocionado con el viaje, tampoco quería separarse de su papá. Son momentos terribles, que sólo quienes lo hemos vivimos sabemos lo que se siente. En el avión le dije que no estuviera triste, que volvería a ver su papá”.

El larguísimo viaje con sus respectivas escalas de regreso a China, esta vez fueron aprovechadas para que Bessie complaciera a su hijo con uno de sus mayores sueños: Visitar el estadio y el museo del Real Madrid, en su parada en España. “Es loco Real Madrid. Estaba feliz haciendo fotos, con la tablet que le regaló mi mamá. Cuando llegamos a China, empezó también la adaptación para él, que inició con un cambio en el sistema de aprendizaje”, explica.

Como su hijo mayor no sabía ni chino ni inglés, para evitar un posible impacto negativo o bloqueo en él, decidieron apostar por el método “homeschooling” o aprendizaje en casa, con una profesora de chino, durante todo el primer año, hasta que tuviera un nivel básico para ingresar a su nueva escuela. “Aprendió súper rápido. En un año ya entendía chino e inglés bastante bien. Al año y medio, ya hablaba fluido inglés y chino a la vez, con 9 años”.

En cuanto a la adaptación social y cultural, los niños siempre suelen llevar la delantera. “Mi hijo mayor tiene el carácter de su padre. Es súper carismático y alegre, le habla a cualquiera, no tiene vergüenza. Un día estábamos en la casa y él miraba por la ventana que unos niños jugaban y me dijo: ‘Mira, mamá, ¡ahí hay niños! ¿puedo salir?, yo quiero tener amigos’. Lo poquito que hablaba entonces, ahí lo practicaba. Jugar con otros niños le ayudó a ir evolucionando”.

Bessie relata que, el día a día en China, en cuanto a horarios y rutinas, es bastante parecido al salvadoreño. “Al menos en el sector educativo, se trabaja de lunes a viernes, de 7:30 am a 5:00 pm. Los horarios de las comidas son similares. La escuela les da almuerzo a todas las maestras. El desayuno es a las 7:30 am, el almuerzo a las 12 hrs y la cena a eso de las 6:00 pm. Los chinos comen muchos vegetales que, en general, son baratos. La que es cara es la carne de res. Una libra cuesta como 7 dólares. Lo realmente costoso son la vivienda, la salud y la educación privada para los niños, aunque la escuela pública tiene un buen nivel. Mi hijo ve cosas bien avanzadas de matemática, en quinto grado, que yo las vi como en noveno grado”.

En ese sentido, en estos años de estancia, ha logrado evidenciar la dureza y exigencia del sistema educativo chino. “Para ellos es súper importante ser los mejores en todo. Pero siento que se pasan. Por ejemplo, tengo una alumnita que me da pena. Aparte del colegio, la niña estudia todos los días clases extra de piano, natación, inglés, ajedrez y pintura. ¡Es un ritmo exagerado para un niño! Es una sociedad súper competitiva y creo que siempre hay que encontrar un equilibrio”.

Sus pequeños maestros

Su experiencia con el idioma chino ha ido por etapas. Recién llegada, tomo clases con una profesora particular que le proporcionó frases hechas para comunicarse cotidianamente. Sus pequeños alumnos, de entre 3 y 6 años, también han sido sus maestros. “De tanto repetir las cosas en la escuela aprendí cómo decir ‘levantarse’, ‘sentarse’, ‘no entiendo’, jaja! que era lo que ellos me decían.  El chino es bastante difícil de aprender, por los fonemas tan particulares que tiene. Mi tercer hijo nació en septiembre de 2016 y, luego de dedicarme a él un buen tiempo,  ahora he vuelto a retomar mis clases intensivas, durante seis meses, con la maestra de mi hijo mayor. También practico con la niñera china que los cuida. Ella me enseña mucho. De momento, entiendo mucho más de lo que hablo”.

El carácter particular de los chinos, aunque lógicamente no puede generalizarse, es algo que llama la atención de Bessie. “Al principio, me daba cólera, porque no disimulan. Cuando uno pasa, te miran como que si fueras un extraterrestre, un extraño, de pie a cabeza, te miran y no te quitan la mirada. Porque te ven distinta y se sorprenden. Además, siento que son un poco imprudentes porque, sin conocerte de nada, te preguntan cuánto ganas en el trabajo, cuánto pagas de alquiler… Eso es bien normal aquí. Yo reconozco que soy una persona tímida. No profundizo fácilmente en las relaciones; siempre hay una gran distancia. Tengo la suerte de haber encontrado a tres salvadoreñas cerca y somos amigas. Somos unos 50-60 salvadoreños en Beijing, dando clases de inglés, sobre todo. Con ellas hacemos pupusas, tamales, nos reunimos los fines de semanas y celebramos cumpleaños. Hemos encontrado una web china en la que venden de todo: Yuca, hojas de plátano para tamales, chocolate para chocobananos, harina de arroz para pupusas, ¡de todo!”.

El control que ejerce el régimen chino es algo que se nota, lógicamente, en los aspectos migratorios. Los visados deben renovarse cada año. Sin ese permiso no se puede trabajar. Y hay que ajustarse al sector de trabajo que se detalla en la visa porque, si se infringe, puede haber problemas de deportación y hasta de cárcel. En el ámbito social y político, se ejerce un control directo en las redes sociales y medios de comunicación. “Está bloqueado Facebook, Twitter y las series con contenido para adultos son consideradas obscenas, no se pueden ver. No hay ningún contenido extranjero, todos los canales por cable son chinos”.

Incluso en ese contexto, Bessie comenta que la experiencia está siendo positiva para toda la familia. De momento, piensan continuar en el país, hasta que sus tres hijos entiendan, escriban y hablen bien el chino, porque considera que es un idioma que les ayudará en la vida, aunque no vivan allí. “No queremos regresar a El Salvador, por la situación tan peligrosa que hay. Quisiéramos experimentar en otro país, que los niños aprendan otro idioma. No descarto adoptar a una niña china, es algo que me encantaría. Mi esposo me dice que ya veremos. De momento, seguiremos en este país que nos da tanto y del que aprendemos tanto, aún siendo tan distinto al nuestro”, finaliza.

13 comentarios en ““Soy salvadoreña y doy clases de inglés, en China”

  1. Bessie q interesante su vida en China , los felicito porq emigrar no es de todos. Es cerrar un círculo y estar dispuesto a abrir otro . Perder el miedo a lo desconocido y dar la bienvenida a nuevas experiencias de vida. Todos sus esfuerzos y su adaptación están basados en un mejor futuro y seguridad para sus hijos . La inteligencia del ser humano se mide por la capacidad de adaptación a los cambios . Dios le Acompaña en donde quiera q Ud este Josué 1:9. Abrazos

  2. Que Dios nuestro señor continue guiando tu vida, tu no estas en ese pais por casualidad, Dios tiene un proposito para con tu vida.

      1. Bessie.. me llena de orgullo este artículo.. felicidades.. y que Dios siga colmando los de bendiciones.. un fuerte abrazo en la distancia.. para ti y Alessandro.. saludes a todos..

  3. Viajar sin duda enriquece, culturiza, abre la mente, fortalece las habilidades sociales, ayuda a ser más organizado y un mejor planificador, pero está algo mitificado y sobrevalorado como algo que influye enormemente en el desarrollo personal. Yo lo veo como algo más valioso para el desarrollo personal y profesional, residir en el extranjero durante períodos de tiempo medios o largos. Adaptarse a otras formas de vivir y trabajar, aprender de otras formas de entender la vida, las relaciones humanas, el trabajo, la organización empresarial y la gestión del tiempo, apreciar más aspectos de la vida a los que en otras culturas se les da más importancia, son sólo algunos de los múltiples beneficios de vivir y trabajar en otro país. ¡Felicitaciones por haberlo logrado!

    1. Definitivamente, Fabio. Como usted dice, vivir fuera del país de origen despliega toda una serie de capacidades que nos enriquecen mucho, en todo sentido. No es fácil, pues depende de las circunstancias a las que uno se enfrenta y a la propia personalidad de cada quien. Sin duda, la experiencia de Bessie es admirable, desde todo punto de vista, y un gran ejemplo de lucha y superación para quienes vivimos fuera de nuestra tierra. Gracias por su comentario. Reciba un cordial saludo.
      Claudia Zavala.-

  4. Bessie, que buen relato, que buena experencia, gracias a Dios todo les ha salido bien a Alex y a ti, muchas bendiciones! me dio mucho gusto, saber de uds, exitos y muchas bendiciones!

  5. Me gusta su historia me llena de orgullo saber de mi gente triunfadadora… estoy en Cantón solo por 15 dias y todo es Lindo pero es otro mundo🙄 Le deseo muchísimos éxitos. Soy mabelin

  6. Saludos mi paisana la felicito pues semejante travesia es en si una hazana ; yo radico en Canada por causa de la guerra que azoto nuestro pais ; y se muy bien lo que ud y su conyuge tuvo que atravezar dejando atras nuestra tierra , amigos y seres queridos solamente lo antes dicho es un gran sacrificio , una vez mas la felicito y adelante , bendiciones .

    1. Tengo una curiosidad, habla Ud. el ingles perfecto para ser maestra ? Le digo esto porque mi hijo, tiiene dos diplomas universitarios ha estudiado aca en Canada desde los 4 anos de edad. Yo le digo que se aventure a ir a ensenar ingles.

  7. Hola Bessie, que bonito saber de su historia, gracias por compartirla, yo fui una alumna de su mama, ella fue mii primer jefe en mi primer trabajo, y desde entonces quedamos de amigas, pero habia perdido el contacto hasta hace poco que nos encontramos en FB despues de 20 anos quiza. Yo vivo ahora en Canada y tuve que dejar a mi hijo por 5 anos en El Salvador, ya ahora esta conmigo nuevamente y pense que habia experimentado y hecho algo loco cuando vine para aca, pero ahora soy feliz con mii hijo aqui. Cuando lei su historia, la mia se quedo pequena, y que bonito saber que por el mundo andan Salvadorenos tan valientes y tan bellos como usted y su familia. Muchos animos y abrazos, usted se ven tan linda como su mami. Bendiciones y los mejores deseos!

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